sábado, 22 de julio de 2017

El complejo mapa étnico de los Balcanes



Por motivos históricos, entre otros, los Balcanes son una de las regiones más complejas del continente europeo. Es un punto en el que Europa poco a poco va dejando paso a Asia (o viceversa) y empieza a haber una minoría notable de musulmanes, que incluso son mayoría en países como Albania o Bosnia y Herzegovina, herencia de la antigua dominación otomana. 

Fue precisamente la presencia de los turcos durante siglos en esta región la que ha influido notablemente en la complejidad étnica de la zona. A las diferencias religiosas se unen las lingüísticas y culturales, conformando una auténtica olla a presión que durante años calentó a fuego lento hasta que, en los 90, estalló. 

Entre la Segunda Guerra Mundial y 1991, la mayoría de pueblos de los Balcanes occidentales vivieron bajo un solo Estado: Yugoslavia, cuyo nombre significa país de los eslavos del sur. Así, la etnia mayoritaria era la eslava, a la que pertenecen la mayoría de los pueblos que vamos a ver en este artículo: eslovenos, croatas, serbios, bosniacos, montenegrinos y macedonios. También son eslavos del sur los búlgaros, aunque estos se encuentran más al este. 
 El complejo mapa étnico de Yugoslavia, que no tiene en cuenta las fronteras políticas.

Sin embargo, en los Balcanes también hay pueblos que no son eslavos: al noreste están los rumanos, que son de habla romance; y al sur están los albaneses, mayoría en Albania y en Kosovo. A estos se añaden minorías destacadas de griegos, turcos, húngaros, checos e italianos. Todo un puzle étnico que solo se repite en el Cáucaso, que es otra encrucijada de caminos entre Europa y Asia.

Pasemos ahora a ver cuáles son los pueblos existentes en los Balcanes occidentales: 

Eslovenos. Se concentran en su propio país, Eslovenia, por lo que su independencia fue bastante sencilla en medio del caos por la volatilización de Yugoslavia en 1991. Tanto eslovenos como croatas se independizaron de Belgrado y en el caso de los eslovenos lo consiguieron apenas sin sangre gracias a su localización en el extremo noroccidental de la región, muy influenciada por las vecinas Italia y Austria. De hecho, es el país más desarrollado de la antigua Yugoslavia, con un nivel de vida semejante al de España o Portugal. Eslovenia es un país pequeño y tranquilo que se unió a la Unión Europea en 2004 y pronto adoptó también el euro, dando pocos problemas a Bruselas al no haber vivido un aumento de los extremismos populistas en el mismo. 
 Bandera de Eslovenia con los colores paneslavos.

Croatas. Como ya hemos dicho, se independizaron de Yugoslavia en 1991 pero, al contrario que en el caso de los eslovenos, el proceso fue complicado y sangriento. Esto se debió a que la antigua república croata dentro de Yugoslavia, cuyos límites coinciden con los actuales, tenía mayor mezcla étnica que la que tenía Eslovenia. A la mayoría croata se sumaba una minoría serbia muy destacada, separadas por aspectos culturales y religiosos (los croatas son católicos mientras que los serbios son ortodoxos). Tras una guerra entre la nueva Croacia y lo que quedaba de Yugoslavia, el nuevo país consiguió asentarse y ver reconocida su independencia. Su evolución ha sido más convulsa que la de Eslovenia y no logró adherirse a la UE hasta 2013, siendo el último país hasta la fecha en unirse al club europeo. Pero, pese a los pocos años que lleva en la UE, ya ha dado no pocos dolores de cabeza ante el autoritarismo creciente de su gobierno, que incluye a euroescépticos. 
 Bandera de Croacia.

Sin embargo, los croatas no solo viven en la propia Croacia sino también en zonas destacadas de Bosnia y Herzegovina. Cuando este país decidió seguir la estela eslovena y croata en 1992, se encontró con el rechazo frontal de Yugoslavia, representada básicamente por Serbia. Y es que la antigua república de Bosnia dentro de Yugoslavia era un cruce de etnias y pueblos dentro del propio país, y en la misma coexistían difícilmente tres pueblos: croatas en el sur y oeste, serbios en el norte y este y bosniacos, repartidos a su vez en el centro y oeste de la república. Los croatas de Bosnia recibieron el apoyo entusiasta de los de Croacia para independizarse de Yugoslavia e incluso se abrió la posibilidad de que sus zonas de Bosnia pasaran a integrarse en Croacia. Comenzaron las persecuciones entre los tres pueblos y se dieron las peores matanzas en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, incluidos asesinatos en masa por motivos étnicos. Finalmente, una coalición internacional intervino (con mucho retraso) y se reconoció la independencia de Bosnia y Herzegovina con dos entidades en su seno que actúan de manera casi independiente: la Federación de Bosnia y Herzegovina, poblada por los bosniacos y los croatas; y la República Srpska, habitada por serbios. 
Entidades que forman Bosnia-Herzegovina.

Bosniacos. Se diferencian de los demás eslavos del sur porque son mayoritariamente de religión musulmana, por la ya mencionada influencia otomana en la región. Por lo demás, su idioma es muy parecido al de croatas y serbios y son parte también del gran grupo de los eslavos. Nada de esto fue suficiente cuando bosniacos y croatas optaron por independizarse de Yugoslavia en 1992: la guerra estalló entre los tres grupos con una virulencia inusitada en Europa. Sin embargo, a diferencia de los croatas, los bosniacos no tenían a un tercer país o grupo que les protegiera, y por ello fueron los que más sufrieron las persecuciones étnicas. Su religión islámica también les hizo el blanco de la violencia de los batallones de limpieza étnica, principalmente serbios. Además, la zona que habitan, entre la serbia y la croata, hizo que fueran el campo de batalla principal, con lo que ello supuso. La intervención de la comunidad internacional en el conflicto no supuso su protección ya que en julio de 1995 se produjo la matanza de Srebrenica, en la que más de 8.000 bosniacos fueron asesinados por fuerzas serbias. El principal responsable de los hechos, el presidente de la República Srpska, fue condenado en 2016 a 40 años de prisión por los hechos. 
 
En noviembre de ese año se firmaron los Acuerdos de Dayton, que establecieron la paz  y las condiciones para la creación de la nueva Bosnia y Herzegovina, con las dos entidades separadas ya nombradas. Los bosniacos están bajo el gobierno de la Federación de Bosnia y Herzegovina. El presidente de la república es rotativo entre las tres etnias que conforman el país pero aún quedan muchos años para que se supere el odio y resentimiento entre ellas. Además, la diferencia entre ambas zonas es demasiado amplia todavía, aunque el gobierno estatal haya ido aumentando su influencia poco a poco. Y, por otro lado, Bosnia es aún un país bajo protectorado de la UE de facto, por lo que ni siquiera es candidata al ingreso, que se ve muy lejano todavía. 
 Bandera de Bosnia y Herzegovina.

Así mismo, los bosniacos también habitan una pequeña zona en el sur de Serbia y en el noreste de Montenegro. 

Montenegrinos. Son un pueblo poco numeroso que habita básicamente en su propio Estado, Montenegro, en el que son mayoría aunque con un importante número de serbios también viviendo en el mismo. Durante la guerra de los 90, los montenegrinos apoyaron al gobierno yugoslavo de Belgrado y no siguieron el ejemplo de eslovenos, croatas y bosniacos. Incluso formaron una federación con los serbios en 2003, que enterró definitivamente el nombre de Yugoslavia. Sin embargo, los montenegrinos comenzaron a sentirse como el socio menor e insignificante de la federación (que, no obstante, tenía amplio margen de maniobra e incluso usaba y todavía usa en euro en vez del dinar serbio) y, finalmente, optaron por independizarse mediante un referéndum acordado con Serbia en 2006, en el que ganó el sí.  Nacía Montenegro, país que ya había existido cien años antes y que actualmente es candidato a ingresar en la UE. 
Bandera de Montenegro.

Serbios. El pueblo más poderoso durante la antigua Yugoslavia (la capital federal, de hecho, era Belgrado) y el que más se resistió a la desintegración de la misma. Por ello, no aceptaron la independencia de Eslovenia y Croacia (esta última en donde aún habitan minorías serbias) y, sobre todo, la de Bosnia y Herzegovina. Por ello, impulsaron la creación de la República Srpska en la zona que ellos controlaban y se planteó la posibilidad de unirla a la propia Serbia. Tras años de cruenta guerra, se llegó a la solución “provisional”, que dura hasta hoy, de los Acuerdos de Dayton. Por otro lado, Serbia siguió integrada en Yugoslavia hasta que en 2003 creó una federación con Montenegro, rota en 2006 ante la independencia de este último país. Serbia perdía posiciones dentro de los Balcanes sin parar. 
 Bandera de Serbia desde 2006.

Ya en 1999 Kosovo había intentado independizarse de Serbia. Dicha provincia serbia estaba habitada mayoritariamente por albaneses, de religión musulmana y que ni siquiera son eslavos de etnia. Se abrió así una nueva guerra en la zona, con intervención nuevamente de la comunidad internacional, principalmente de la OTAN. Finalmente, el presidente serbio, Milosevic, fue apartado del poder por crímenes de guerra y la situación se calmó. Kosovo siguió siendo parte de Serbia pero controlado por la ONU. Pero en 2008 el gobierno kosovar decidió apostar todo a una carta y declaró la independencia unilateralmente, siendo aceptada por Estados Unidos y la mayoría de países de la UE. La zona norte de Kosovo, poblada por serbios, se negó a aceptar la independencia y siguen considerándose una provincia serbia. 

Por lo demás, Serbia en los últimos años se ha acercado a la UE y alejado de Rusia, consiguiendo ser candidata a ingresar en la Unión, para lo que tendrá que solucionar el conflicto con Kosovo. Por el contrario, sí pudo mantener en su territorio a la provincia de Voivodina, situada al norte del país y poblada por una importante minoría húngara. 

Macedonios. Son el pueblo eslavo más meridional de todos los que formaban Yugoslavia. En 1991 aprovecharon para independizarse ante el caos en el que estaba sumido el Estado yugoslavo. Pero, curiosamente, al contrario que con Eslovenia y Croacia, Belgrado no intervino en el caso de Macedonia y aceptó su independencia sin grandes problemas. Así, la nueva Macedonia solo tuvo un inconveniente para su reconocimiento internacional: su nombre. El país vecino del sur, Grecia, se negó a que adoptara el nombre de Macedonia, que Atenas consideraba como suyo al haberse desarrollado el antiguo Reino de Macedonia en un área situada al norte de la actual Grecia, y no en la propia Macedonia. El temor griego era que adoptar ese nombre pudiese llevar a la nueva Macedonia a reclamar territorios griegos también llamados Macedonia. Finalmente, se llegó a un acuerdo provisional (pero que continúa hasta hoy) por el cual el nuevo Estado fue reconocido internacionalmente como Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM) hasta que llegue a un acuerdo definitivo con Grecia. También tuvieron que cambiar su bandera, que hacía referencia a la Macedonia histórica de Alejandro Magno. Y, mientras tanto, Macedonia es candidata a ingresar en la UE, aunque para ello deberá solucionar antes la problemática de su nombre.  
Bandera de Macedonia.

Albaneses. Llegamos al primer pueblo de la zona que no es eslavo sino que constituye una etnia propia y muy antigua con un idioma de origen indoeuropeo pero que constituye una rama independiente del mismo, por lo que nada tiene que ver con sus lenguas vecinas. Como los bosniacos, son mayoritariamente musulmanes y fueron uno de los últimos países de los Balcanes en lograr independizarse de los turcos, ya empezado el siglo XX. Tras ser ocupada por Italia, tras la Segunda Guerra Mundial Albania cayó en manos del comunismo, atravesando varias fases de apoyo primero soviético y más tarde chino. Como resultado, Albania es el país más pobre de Europa, con graves problemas estructurales aunque étnicamente bastante homogéneo. Los albaneses también son mayoritarios en zonas del noroeste de Macedonia y, sobre todo, en Kosovo. Como hemos visto, esto provocó una guerra en 1999 ante el intento kosovar de independizarse de Serbia y acercarse a Albania. Finalmente, se independizaron unilateralmente pero renunciaron a unirse a Albania, por lo que actualmente hay de facto dos países de mayoría albanesa. En cuanto a Albania, actualmente es candidata a ingresar en la UE, aunque para ello deberá asentar las instituciones democráticas y acabar con la fortísima corrupción que afecta al país. 
 Bandera de Albania.

Búlgaros. Fuera de Bulgaria, país que se independizó de los turcos entre 1878 y 1908, hay minorías búlgaras en el este de Serbia. 

Eslovacos. A pesar de la lejanía de Eslovaquia, hay minorías destacadas de eslovacos en la provincia serbia de Voivodina, en donde son la segunda minoría tras los húngaros. Hablan un dialecto del eslovaco. 

Húngaros. Su presencia es muy relevante en la provincia de Voivodina, en donde superan el 14 % del total de la población con casi 300.000 personas. Se diferencian de los serbios en la religión (los húngaros son mayoritariamente católicos), en la etnia (magiar) y en el idioma, que no tiene nada que ver con las lenguas eslavas y ni siquiera es de origen indoeuropeo. 

Griegos. Tienen una presencia destacada en el sur de Albania, en la zona lindante con Grecia, y en el conjunto del país alcanzan el 3 % de la población al ser unos 100.000 habitantes. 

Italianos. Constituyen una pequeña minoría en una zona occidental de Croacia. Así mismo, hay que destacar que la ciudad italiana de Trieste fue parte de Yugoslavia durante unos años hasta que fue devuelta a Italia tras la Segunda Guerra Mundial. 

Turcos. Como hemos visto ya, los turcos dominaron durante siglos los Balcanes, lo cual se puede constatar en no pocos aspectos. Turquía poco a poco tuvo que renunciar a su dominio de la región hasta quedar reducida a la Tracia oriental y Estambul. De la antaño numerosa presencia turca hoy solo queda una pequeña minoría en Macedonia, en donde son casi el 4 % de la población total.

domingo, 16 de julio de 2017

¿Cómo se ha ido integrando Europa?



Europa es más que la propia Unión Europea, aunque esta sea la organización supranacional más potente del continente, la que más lejos ha llegado en la integración de los diferentes países que la componen: tiene sus propias instituciones, tratados y leyes, algo de lo que carecen otras organizaciones europeas. 
 Las diferentes organizaciones que existen en Europa. Fuente: elordenmundial.com

La Segunda Guerra Mundial supuso el cénit de la autodestrucción europea. A partir de ese desastre una serie de líderes europeos tuvo claro que el papel de Europa pasaba necesariamente por su integración progresiva para hacer frente a los nuevos gigantes del mundo, Estados Unidos y la Unión Soviética. 

Así, se fueron creando paulatinamente diferentes organizaciones que vamos a ver a continuación brevemente. 

La primera de ellas fue el Consejo de Europa, que no tiene nada que ver con la UE ni con el Consejo Europeo, órgano legislativo y ejecutivo de la misma. El CdE se fundó en 1949, pocos años después de acabar la guerra, con el objetivo de apoyar la democratización y garantizar los Derechos Humanos en un continente devastado. Actualmente todos los países europeos pertenecen al Consejo con la excepción de la Ciudad del Vaticano, que es observadora, Bielorrusia y Kazajistán, los tres con unos regímenes políticos que llamaríamos directamente dictaduras al carecer de elecciones libres. De sus órganos dependientes, el más relevante a día de hoy es el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ya que la organización ha sido eclipsada por la UE. 

Países miembros del Consejo de Europa: todos menos Bielorrusia, Ciudad del Vaticano y Kazajistán. Este último tiene la mayor parte de su territorio en Asia.


La Unión Europea, cuyo precedente fue la Comunidad Económica Europea, se inició en 1957 por tan solo seis países. Hoy es un club de 28 Estados, aunque Reino Unido haya solicitado salir de la misma tras un referéndum en el que ganó la salida de la UE. Lo que comenzó como unión económica ha pasado a ser también política aunque los avances sean lentos y no sin tensiones ante los recelos de algunos Estados a ceder soberanía. Actualmente son candidatos a ingresar en la misma: Turquía (proceso paralizado ante su deriva autoritaria), Serbia, Montenegro, Macedonia y Albania. 

Mapa de la UE actualmente, con 28 Estados miembros incluido Reino Unido, en proceso de salida.


Adscritas a la UE están la Eurozona, es decir, los países que tienen el euro como moneda y, por tanto, comparten el Banco Común Europeo, que son 19 de los 28. Tuvo su origen con la implantación del euro a partir de 1999; y el Espacio Schengen, que son 26 países, tanto de la UE como de fuera de ella (Suiza, Noruega e Islandia) que han eliminado las fronteras entre ellos, así como el uso del pasaporte. Además, tres microestados tienen abiertas sus fronteras aunque no sean parte formalmente de Schengen: Mónaco, San Marino y la Ciudad del Vaticano. Schengen se desarrolló a partir de 1995. 
 Mapa de la Eurozona (azul). En rojo y verde, países de la UE que no tienen el euro como moneda. Menos Reino Unido y Dinamarca, los demás están obligados a adoptar el euro en algún momento. En violeta, países que usan el euro independientemente de la UE y sus directrices (Montenegro y Kosovo).
En azul, los países miembros del Espacio Schengen y, por tanto, sin fronteras entre ellos. En amarillo, los países obligados a unirse en un futuro.

La UE también tiene acuerdos con países terceros del continente. Tienen unión aduanera con ella Turquía, Andorra, Mónaco y San Marino y forman parte de su Espacio Económico Islandia, Noruega y Liechtenstein. Así, se ve que la UE domina el continente de manera evidente incluso con países que no pertenecen a ella, sobre todo en lo económico. 

Así, la UE dentro del continente solo tiene dos organizaciones rivales. La primera es la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés), que en sus inicios en 1960 estaba formada por más países que ahora, que son solo cuatro: Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein. Es una asociación mucho menos estrecha que la UE y sus miembros son países que no han querido ir más allá en el grado de integración que el meramente comercial, aunque sí sean parte del Mercado Común Europeo. Además, ser miembro de la EFTA es incompatible con serlo de la UE. Por ello, varios países que eran de la EFTA al unirse a la UE tuvieron que abandonar la primera, como Portugal, Reino Unido o Suecia. Se ha valorado la posibilidad de que Reino Unido vuelva a la EFTA cuando consume su salida de la UE, aunque no está claro. 

Logo de la EFTA con las banderas de sus cuatro países miembros.


La otra organización rival de la UE en vez de estar en el oeste, como la EFTA, está en el este: la Unión Económica Euroasiática, ligada a la Unión Euroasiática aunque no son la misma entidad. La primera es eminentemente económica y la segunda incluye aspectos políticos a semejanza de la UE pero en el antiguo bloque comunista. Básicamente es la respuesta de Rusia y sus aliadas a la expansión de la UE hacia el este, para salvaguardarse. Así, son parte de las mismas, además de la propia Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kazajistán y Kirguistán, las dos últimas repúblicas en Asia central. Ambas son la organización europea más moderna, ya que el tratado de fundación fue firmado en 2014 y comenzaron a operar en 2015. 

Países miembros de la Unión Euroasiática: Bielorrusia, Rusia, Armenia, Kazajistán y Kirguistán. ¿Un intento de rehacer la URSS?


Quedan en “tierra de nadie” varios países del este europeo que, tarde o temprano, tendrán que elegir sus alianzas. Ucrania es el mayor de ellos, y de momento se inclina por la UE después del Euromaidán de 2014 y la intervención rusa, que aún continúa. Moldavia tradicionalmente había sido más pro europea pero recientemente ha llegado al poder un gobierno partidario del entendimiento con Rusia. De los países del Cáucaso, Armenia está claramente posicionada con Rusia al ser miembro de la UEE. Georgia, por el contrario, se inclina más por Occidente al estar enemistada con Rusia y Azerbaiyán se permite navegar entre las dos aguas. En los Balcanes, por otro lado, todos son candidatos a entrar en la UE y, los que no, son potenciales, como Bosnia y Herzegovina y Kosovo, aún no reconocido por la ONU. 

Veamos así que Europa dista mucho de ser solo la UE sino que hay más organizaciones y numerosas situaciones incluso dentro de la misma UE, con países miembros de la Eurozona y otros que no, y países que son miembros de la UE pero no de Schengen (como Irlanda).

miércoles, 12 de julio de 2017

20 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco




Decididamente, en España no aprendemos. Un aspecto que debe suscitar la unión clara y sin fisuras de toda la ciudadanía y de los partidos políticos como es el recuerdo y homenaje a las víctimas del terrorismo se convierte en un cruce vergonzoso de acusaciones entre dirigentes y formaciones políticas que al resto de los españoles nos sonrojan. 

En los últimos días se ha producido polémica debido a que se recuerda el veinte aniversario del horrible secuestro de un joven concejal vasco, Miguel Ángel Blanco, por parte de la banda terrorista ETA. Los etarras, finalmente, asesinaron cruelmente a Blanco. Dicho así podría parecer que se trató de uno de los muchos crímenes de ETA, como parece que han argumentado Unidos Podemos y sus organizaciones afines, pero el caso de Miguel Ángel Blanco fue especial. 

En los años 90 España era una excepción en Europa Occidental junto a Reino Unido. Ambos sufrían violentos ataques terroristas en su territorio por parte de organizaciones de carácter nacionalista que pretendían que una parte del país (Euskadi y Navarra en España e Irlanda del Norte en Reino Unido) se desgajara del resto. En el caso norirlandés con la diferencia de que el objetivo del IRA era integrarse en la República de Irlanda, mientras que ETA quería la independencia total de lo que ellos llaman Euskal Herria.

En 1997 prácticamente acababa de darse un cambio de gobierno en España. Después de casi catorce años de gobierno socialista, en 1996 ganó las elecciones la derecha y José María Aznar se convirtió en presidente del gobierno. ETA, en su miopía y empecinamiento en mantener el terror, no había sabido entender la diferencia entre una dictadura (la de Franco) y la democracia en la que se había convertido España desde finales de los 70. Los partidos vascos sin excepción (incluida Herri Batasuna, considerada brazo político de los terroristas) podían presentarse a las elecciones con propuestas muy diferentes en un clima de competencia electoral. Pero esto daba igual a ETA, que mantuvo los llamados años de plomo durante los 80, mantenidos en los 90 aunque a un menor ritmo de atentados. 

En esta circunstancia tan difícil en el País Vasco fue en la que vivió Miguel Ángel Blanco. Se atrevió a pertenecer a un partido, el PP, que en el País Vasco nunca ha sido demasiado fuerte ante la existencia del PNV, también conservador aunque nacionalista vasco. Un PP cuyos militantes estaban bajo permanente amenaza de ETA, junto a los socialistas, ya que eran considerados traidores a Euskadi al pertenecer a partidos de ámbito nacional. La militancia, así, o se hacía en silencio ante las amenazas y el desprecio de los vecinos, o se hacía con el aliento negro de ETA en la nuca. 

Blanco consiguió ser concejal en su ciudad natal, Ermua, en las elecciones municipales de 1995. Sus padres eran de origen humilde y, antes de empezar a trabajar como economista tras haber estudiado Ciencias Económicas en la Universidad del País Vasco, había trabajado como albañil junto a su padre. Así, compaginó su trabajo con el acta de edil en Ermua. 

Blanco hacía su vida de manera rutinaria, dedicándose a trabajar y a ir y venir desde su domicilio, lo que facilitó su secuestro por los etarras. Además, no era una figura demasiado conocida sino un concejal raso, por lo que no contaba con protección. 

Previamente a su secuestro, había sido liberado el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara después de pasar 532 días encerrado en un zulo por los terroristas. Estos habían decidido abandonarlo para que muriera de hambre pero, por suerte, la Guardia Civil le encontró y liberó, deteniendo además a los etarras responsables. Esto irritó a ETA, que decidió responder. 

Tres fueron los terroristas que se ocuparon de raptar a Blanco. Tras un primer intento frustrado el 9 de julio de 1997, al día siguiente sí lograron localizarle cuando bajaba del tren para acudir a trabajar a Ermua. El joven concejal pasaba a estar secuestrado por la banda, que rápido dejó claras sus intenciones: mediante un comunicado exigió al gobierno de España el acercamiento al País Vasco de todos los presos etarras o, en caso contrario, asesinarían a Blanco. 

Ningún gobierno, ni de derechas ni de izquierdas, podía aceptar ese chantaje de la banda terrorista. Si hubiese accedido habría habido más secuestros y más chantajes, quedando atado el gobierno a la voluntad de los asesinos. Además, el plazo que ETA dio para desplazar a los presos era inviable, ya que ellos mismos sabían que el gobierno no iba a aceptar. 

Pero entonces ocurrió algo con lo que ETA no contaba: la ciudadanía respondió. Y no solo en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y otras muchas ciudades españolas sino en el mismo Euskadi. Los vascos ya estaban hartos de vivir con la violencia como eterna compañía. Estaban hartos de salir en las noticias por coches-bomba continuos, por extorsiones, por violencia callejera o, simplemente, por el miedo que se respiraba. Así, los vascos también mayoritariamente protestaron por el secuestro y exigieron la liberación de Blanco. 

Sin embargo, ETA no estaba dispuesta a demostrar que había perdido el apoyo o la indiferencia de la mayoría de la sociedad vasca. Y no quiso echarse atrás. El día que cumplía el ultimátum al gobierno, 12 de julio, en un descampado en Lasarte-Oria, los terroristas obligaron a Blanco a arrodillarse y le descerrajaron dos tiros en la cabeza. En su crueldad infinita, aun sabiendo que Miguel Ángel seguía vivo, le abandonaron hasta que fue encontrado por dos hombres. A pesar de ser enviado rápidamente al hospital, no se pudo hacer nada para salvar su vida y Miguel Ángel Blanco falleció al día siguiente. 

Con lo que no pudo acabar ETA fue con lo que se llamaría Espíritu de Ermua, la unidad de la mayor parte de la sociedad y de los partidos contra el terror. ETA ese día comenzó a morir aunque todavía no lo supiese. El rechazo de la sociedad vasca y la lucha de los cuerpos de seguridad lograron que la banda, viéndose sola y sin recursos, acabase por cesar su actividad en 2011 y entregar el armamento que le quedaba en 2017. ETA ha sido derrotada aunque queda su completa disolución, acabando con cincuenta años de terror. 

Pero, volviendo al inicio del artículo, los partidos españoles no aprenden. Unos, intentan instrumentalizar a las víctimas, lo cual es repugnante…y otros distinguen entre ellas o minimizan el asesinato de un joven lleno de vida (solo tenía 29 años) al considerarlo una víctima más de ETA, cuando, para su desgracia, no lo fue, ya que fue la víctima que supuso el principio del fin de ETA. Y eso también es repugnante. Respetemos y recordemos a todas las víctimas, teniendo en cuenta la Historia y sus repercusiones.