domingo, 28 de abril de 2013

La difícil definición del Franquismo



¿Qué fue el Franquismo? Podría parecer una pregunta simple pero en realidad no lo es. Enmarcar el régimen franquista siempre es difícil y genera fuertes controversias debido a la cercanía histórica y a la única legitimidad que se daba dicho régimen: una guerra civil de tres largos años que destruyó el país y que provocó medio millón de muertos.

Hay algo que parece fuera de duda excepto para los más firmes partidarios del régimen (una minoría muy poco relevante desde la Transición democrática), y es que el Franquismo fue una dictadura. Un régimen político represivo y sin libertades, sin partidos políticos ni sindicatos libres. 

Franco entrevistándose con Hitler en Hendaya. Eran los años del brazo en alto y del Cara al Sol. Con la derrota del Eje en 1945 el franquismo comenzaría un evidente "lavado de cara" al exterior.


En todo caso, la definición simple de dictadura no vale para los que estudiamos con interés la Historia de España. Por tanto se abren otras posibilidades:

-          Dictadura militar: es conocido que Franco era ante todo un militar y sus gobiernos tenían una fuerte marca castrense. El régimen se apoyaba en tres familias principalmente: el ejército, que era el que había ganado la Guerra Civil y la familia a la que pertenecía el dictador; el partido único pero con un poder inferior, Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET de las JONS), sobre todo después de la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial; y, cómo no, la Iglesia católica debido a su apoyo en la Guerra Civil y al poder que se le dio en áreas como la educación.
De estas familias el ejército era el que, en última instancia, tenía más poder. Además, fue el único que pudo impedir la Transición ya que la Iglesia evolucionó a posiciones más  reformistas a partir de 1970 y la Falange perdió progresivamente gran parte de su poder.
Sin embargo, el franquismo no sería una dictadura plenamente militar debido a la presencia de esas dos familias adicionales que llegaron a tener un gran poder. Además, no hay que olvidar otros sectores del franquismo como los carlistas (integrados forzosamente en el partido único, llamado Movimiento Nacional) y los tecnócratas, normalmente católicos.
-          Fascismo: es muy común identificar el Franquismo con el fascismo pero es un error. Es evidente que la dictadura fue apoyada por el fascismo italiano y por el nazismo alemán en la Guerra Civil y que después España tuvo negociaciones con la posibilidad de apoyar al Eje en la Segunda Guerra Mundial, aunque al final no llegó a entrar. En esos primeros años de franquismo había elementos fascistas claros: el saludo a la romana, el Cara al Sol más entonado que el mismo himno de España, etc. eran los años en los que el partido único, Falange, tuvo más poder de toda la historia del franquismo. Sin embargo, a pesar del entusiasmo falangista con la guerra mundial y la Alemania nazi, el ejército rechazó la entrada en dicho conflicto por motivos evidentes: España no estaba preparada y el ejército estaba mal equipado y desgastado tras la Guerra Civil por lo que entrar en una contienda de tal magnitud sería casi un suicidio. Franco, un hombre que supo manejar a todas las familias de manera bastante astuta, se decidió por hacer caso a los militares, entre ellos Carrero Blanco, y declaró la neutralidad. Dicha neutralidad se afianzó según avanzaba la guerra y, cuando el Eje perdió en 1945, el régimen intentó hacer un lavado de cara. En ese lavado, que duró unos diez años, se intentaba mostrar a los vencedores la imagen de una España católica y no fascista. Como sabemos, le salió bien y el franquismo fue reconocido por Estados Unidos y la ONU en los cincuenta, tras años de aislamiento internacional. Sin embargo, la principal diferencia es que el franquismo no consiguió el poder desde abajo, desde movilizaciones populares, elecciones, etc sino desde arriba directamente a través de una Guerra Civil. Hitler ganó unas elecciones y Mussolini fue aclamado por una movilización popular (Marcha sobre Roma) pero Franco llegó al poder de forma, como sabemos, muy diferente.  Por todo ello, el franquismo no fue un fascismo como tal sino que puede decirse que tuvo elementos fascistas, sobre todo hasta 1945.
-          Estado totalitario: que el franquismo fue autoritario es evidente debido a la represión de los opositores políticos, la falta de libertades, la ausencia de partidos políticos y sindicatos libres, etc. sin embargo, el debate llega cuando se habla de franquismo como Estado totalitario al estilo nazi, fascista o estalinista. Los totalitarismos se diferencian de los autoritarismos en que la represión del Estado es absoluta y justifican su actuación política mediante el recurso a una doctrina global, que pretende influir sobre todas las expresiones de la existencia humana: desde la económica y familiar a la cultural y religiosa. El franquismo intentó ser totalitario en sus primeros años (hay un famoso video de Franco mencionándolo) pero, con la derrota del Eje y el lavado de cara correspondiente de cara al mundo, se optó por una imagen más amable y sin mostrar símbolos fascistas, como ya hemos dicho, ni doctrinas globales que llegaran hasta las camas de los matrimonios.
-          Nacionalcatolicismo: el franquismo se apoyó en la Iglesia sobre todo después de 1945, para mostrar una imagen de Estado católico y no fascista. El Franco con el brazo en alto se sustituyó por el Franco bajo palio. Así, la Iglesia tuvo enormes poderes. La religión oficial era la católica y en sus inicios no se incluía ni la libertad de culto. Por otro lado, los eclesiásticos tenían gran influencia en cuestiones de moral, de educación y cultura. Es por todo ello por lo que se suele denominar al franquismo un Estado nacionalcatólico.
-          Nacionalsindicalismo: el franquismo solo tenía un sindicato legal: el Sindicato Vertical, de inspiración fascista, y controlado por el partido único, FET de las JONS. Dicho sindicato agrupaba a patronos y obreros juntos pero con un matiz clave: al ser vertical, las relaciones entre ellos también lo eran. No es difícil imaginar quiénes estaban más arriba.

Por otro lado, el régimen fue apoyado en la guerra por los monárquicos, que creían que una vez vencida la II República se restauraría la monarquía borbónica en la figura de Juan de Borbón, hijo del rey Alfonso XIII, exiliado tras la proclamación de la república en 1931. Sin embargo, Franco rechazó de plano esa posibilidad mirando lo sucedido con el otro dictador español del siglo XX, Miguel Primo de Rivera. Éste tuvo que ceder el poder por presiones de, entre otros grupos, el mismo rey. Franco pretendía gobernar hasta el final y no pensaba dejar que un rey pudiese prescindir de él. Esta interpretación ha sido estudiada y analizada por los historiadores y yo, haciendo mi propio análisis, la comparto ya que los hechos demostraron que el dictador fue muy astuto al ocupar la jefatura del Estado hasta su muerte. Nunca fue juzgado ni procesado (como se dice en la calle, “murió en la cama”).

 Franco recibiendo al primer presidente de Estados Unidos en visitar España, Dwight D.Eisenhower. Esta visita está enmarcada en el fin del aislamiento internacional del país debido, principalmente, a los vínculos del régimen con los países derrotados del Eje en la IIGM.

Franco murió en la cama pero precisamente por eso también murió en esa cama su régimen. La identificación de la dictadura con Franco fue tan grande que en Historia no en vano se le denomina “Franquismo”. ¿Qué fue el franquismo? La respuesta más adecuada podría ser, aunque suene redundante, franquismo. Fue un régimen con características diversas que se mezclaron y se desarrollaron a lo largo de sus casi 40 años de pervivencia ya que sobre todo fue un régimen cambiante aunque, eso sí, siempre con unos límites, los de las puertas a las democracias occidentales. Unas puertas que no se abrieron hasta la muerte de su líder. 

domingo, 14 de abril de 2013

Skyfall



Saludos bloggerxs!

En esta entrada os presento de nuevo un tema de música, esta vez de la BSO de la película Skyfall interpretado por Adele. Oí esta canción ayer y desde entonces me ha enganchado, ¡disfrutadlo! 

 

viernes, 12 de abril de 2013

Aprendamos algo sobre las repúblicas



Esta semana se conmemora a la Segunda República Española (1931-1939). Dicha república fue proclamada el 14 de abril de 1931 tras décadas de tensiones, desgaste e incluso una dictadura (la de Primo de Rivera). La república tenía enormes esperanzas puestas en ella, esperanzas de cambio y de modernización de España, un país que en los años 30 aún estaba muy por detrás de otros países europeos.

En España, debido a la gran inestabilidad de la II República, que acabó en Guerra Civil, muchas veces se ve dicho sistema político como un modelo exclusivamente izquierdista olvidando que en la II República entre 1933 y 1936 hubo sucesivos gobiernos de derechas y no teniendo en cuenta en absoluto la política de muchos países como nuestros vecinos, Portugal y Francia, ambos repúblicas sin que ese sistema de gobierno sea de una tendencia política exclusiva. 

 Los diferentes sistemas de gobierno en el mundo. Las repúblicas están en color azul (presidencialistas, aunque muchas son dictaduras), amarillo (semipresidencialistas o con grandes poderes en el presidente), naranja (parlamentarias), verde (presidencialistas con más peso del Parlamento que en las azules) y marrón (unipartidistas). En otros colores: rojo claro (monarquías constitucionales), rosa fucsia (monarquías semiconstitucionales) y morado (monarquías absolutas).

Dentro de las repúblicas (cuya etimología es res “cosa” pública) hay grandes diferencias y variedades. Solo en Europa hay varios tipos, como veremos:

-          Repúblicas presidencialistas: en este tipo de república el presidente es el Jefe del Estado y también del gobierno por lo que tiene grandes poderes. Es asimismo el jefe del ejército. En las repúblicas presidencialistas democráticas, el presidente es elegido en elecciones específicas, es decir, es elegido directamente por los ciudadanos y no por el Parlamento, que es elegido a su vez en otras elecciones. El mayor ejemplo de este tipo de república es Estados Unidos, aunque en muchas repúblicas latinoamericanas el sistema es igual, como Argentina, México o Brasil. En la UE solo Chipre es una república presidencialista. Este tipo puede coincidir con repúblicas federales, es decir, descentralizadas en distintos Estados (o entidades con otro nombre), aunque evidentemente no es algo que vaya unido. 
-          Repúblicas semipresidencialistas: como indica su nombre presentan elementos mixtos. El presidente nuevamente es elegido por los ciudadanos en elecciones diferentes a las legislativas y es el Jefe del Estado. Sin embargo, a diferencia de las presidenciales, no es a la vez el jefe del gobierno sino que dicho cargo lo ocupa un primer ministro elegido por el presidente, por lo que, aunque está sometido a él, no ocupa todos los poderes. Este es el modelo de Francia, por ejemplo.
-          Repúblicas parlamentarias: a diferencia de las anteriores, el presidente es elegido por el Parlamento y no tiene poderes de facto sino que es una figura más moderadora como Jefe del Estado, representativa del país en el extranjero, etc. Sus funciones podrían equivaler a grandes rasgos a las de los monarcas constitucionales. Por otro lado, hay elecciones legislativas para conformar el Parlamento y éste es el que elige al primer ministro, que es el Jefe del gobierno y el que más poder tiene de facto en este tipo de repúblicas. Así, no hay una única figura sino dos y ambas sometidas al Parlamento. Este modelo es el más común en Europa: Italia o Alemania lo tienen. Nuestra vecina Portugal es un caso especial mixto: los ciudadanos eligen por sufragio universal al presidente de la República y, en otras elecciones, eligen el Parlamento. El primer ministro es elegido por el presidente pero es el líder del partido más votado en las elecciones legislativas y además elige a los ministros, como ocurre en España con el presidente del gobierno, por lo que es el que ejerce la función ejecutiva quedando el presidente como representante del Estado, jefe de las fuerzas armadas, etc.
-          Repúblicas unipartidistas: este modelo puede ser también presidencial pero con la diferencia de que son regímenes dictatoriales al ser legal solo un partido o coalición de partidos, como su nombre indica. Este era el modelo de los países del Bloque comunista como la URSS y lo sigue siendo en China, Cuba o Corea del Norte.  

Junto a estas variables, hay otras como la postura respecto a la religión, habiendo repúblicas laicas y otras confesionales, como las islámicas (véase Irán).

El modelo de la II República fue el de república parlamentaria (pero en España al primer ministro se le llamaba presidente del consejo de ministros) mostrándose que no fue una excepción en Europa.

domingo, 7 de abril de 2013

Monarquía o república


Artículo diario EL PAÍS 

 No resulta fácil ofrecer una visión general de la sociedad española, de esta larga crisis, de los límites de la democracia y de la decadencia del sistema de representación política. Parecemos un país moribundo, con menos riqueza y poder de lo que presumíamos, con corrupción y mala administración, sin instituciones en las que confiar. Como si de una vieja historia se tratara, repetida ya otras veces a lo largo del siglo XX, hemos pasado del triunfalismo al desengaño. Mucha gente vomita cabreo, decepción, incluso protesta. Pero frente a los diagnósticos catastrofistas y el pesimismo sobre el futuro, no aparecen soluciones, más allá de ese término en boca de muchos, regeneración, poco original en un país que ya intentó varias. ¿Está el sistema agotado? ¿Necesitamos un cambio de régimen?
Lo primero que hay que decir es que, desde arriba, hay muy poca voluntad de emprender el camino del cambio. Los políticos forman partidos de notables y clientelas, que repiten los mismos nombres y vicios adquiridos y solo movilizan a la opinión pública en tiempos de elecciones. Y desde abajo, pese a lo mucho que podemos gritar o escandalizarnos, y al tono de condena moral presente en muchas declaraciones, hemos aceptado con bastante conformidad, y hasta deferencia, la trama de intereses, corruptelas y negocios privados que, desde la política local al Parlamento, se ha tejido en varios lustros de bonanza económica. Por arriba y por abajo, el espacio para la acción política alternativa, de oposición, es ahora, como consecuencia también de años de inmovilismo y apatía, escaso, casi inexistente.
La derecha en el poder, amparada por una amplia red de medios de comunicación afines, va a mover pocas fichas, porque sabe que el problema lo tiene la izquierda, donde cunde el desaliento, fragmentada, sin liderazgo y a la que puede echar sobre sus espaldas el origen de la crisis, las expresiones de disidencia y la radicalización de la movilización social en la calle —desde el 15-M al escrache—. Y aunque esas acusaciones sean falsas, es indiscutible que la izquierda parlamentaria tiene hoy serios problemas para representar el descontento popular y plantar cara al acoso y derribo del Estado de bienestar.

Nadie parece dispuesto a renunciar a sus prerrogativas. La política institucional está en crisis y para regenerarla ya no se puede contar con el concurso de la Corona. Desde la muerte de Franco, y sobre todo a partir del fallido golpe de Estado de febrero de 1981, a muchos les dio por presumir de Rey, protegerlo frente a las críticas y el debate público, para preservar lo conseguido y cambiar el pobre bagaje democrático que la historia de la Monarquía borbónica podía exhibir antes de 1931. Para ello se ocultó, rompiéndolo, el cordón umbilical que unía a don Juan Carlos con la dictadura de Franco, de donde procedía en ese momento su única legitimidad, y se estigmatizó a la República, ya liquidada por las armas y la represión, como la causante de todos los conflictos y enfrentamientos que llevaron a la Guerra Civil. No puede negarse el éxito de esa operación de lavado del pasado, capaz de sobrevivir, sin grandes cambios, hasta en los libros de texto, durante más de tres décadas de democracia.
Al mismo tiempo, una buena parte de la clase política trató de borrar los recuerdos más incómodos de la dictadura de Franco y cuando, ya en el siglo XXI, el Estado puso en marcha, aunque con mucha timidez, políticas públicas de memoria, recordar el pasado para aprender, y no para castigar o condenar, una parte importante de la sociedad reaccionó en contra. No resulta extraño escuchar a los políticos del PP afirmar que la Segunda República fue un desastre, reproducir en ese tema las ideas de los vencedores de la guerra civil y de los voceros neofranquistas, falsear la historia a gusto de la Iglesia, la Monarquía y las buenas gentes de orden.
La crisis actual, los escándalos en torno a la Casa del Rey, graves para la buena salud de la democracia, al margen de cómo acabe la imputación de la infanta Cristina, y la falta de transparencia y de respuesta ante ellos van a marcar, no obstante, un punto de inflexión para la legitimidad de la Monarquía. El cambio en España tiene que ir acompañado de una renovación cultural y educativa, de nuevas ideas sobre el mundo del trabajo y de una lucha por la democratización de las instituciones. Un movimiento político que reaccione frente a los excesos del poder, que persiga el establecimiento de un Estado laico, que recupere el compromiso de mantener los servicios sociales y la distribución de forma más equitativa de la riqueza. Esa nueva cultura cívica y participativa puede, y debe, alejarse del marco institucional monárquico y retomar la mejor tradición del ideal republicano. Hacer política sin oligarcas ni corruptos, recuperar el interés por la gestión de los recursos comunes y por los asuntos públicos. En eso consiste la república.

Por Julián Casanova, catedrático de Historia Universal por la Universidad de Zaragoza.

jueves, 4 de abril de 2013

Love love



Saludos, bloggerxs!

Esta vez os traigo de nuevo música, del grupo británico Take That.
La canción, Love love, la escuché el otro día en la radio y es genial, ¡disfrutadla! 

Aprovecho también para recordaros que voy a abrir  el blog a sugerencias para Música y/o reportajes. Para cualquier sugerencia escribirme en TWITTER (@cesarmb91) o por e-mail (cesar_valleinclan@hotmail.com), ¡gracias!.