viernes, 28 de marzo de 2014

Imagen de la Semana: La otra (más lejana) Europa



La imagen de esta semana se va lejos, muy lejos…hasta Júpiter. El planeta más grande del Sistema Solar, llamado así por el dios principal del panteón romano, es también el que tiene los satélites más grandes, como puede ser lógico. Así, posee cuatro lunas llamadas galileanas por haber sido descubiertas por el famoso astrónomo Galileo Galilei. Esas cuatro lunas son de gran tamaño y solo Europa, que es nuestra protagonista de hoy, es más pequeña que nuestra Luna.Su nombre procede de la joven Europa, que fue raptada por Júpiter, que la sedujo disfrazado de toro. Es lógico, por tanto, que su nombre se le haya otorgado a una de las lunas de Júpiter, ya que éstas orbitan alrededor del planeta sin poder escapar de su gravedad (de hecho, las demás también tienen nombre de conquistas amorosas del dios romano).

La mayor de ellas, Ganímedes, es enorme ya que comparada con la Tierra podría considerarse un cuarto de ella (aunque al lado de su planeta, Júpiter, es minúscula). He escogido a la más pequeña de las cuatro, Europa, por su aspecto y sus peculiaridades. A parte de ser, con diferencia, la luna más bonita del Sistema Solar,  se cree que bajo su superficie hay hielo y, como todo el mundo sabe, el hielo es agua en estado solidificado, por lo que podría haber vida en Europa en forma microscópica. Además, en 2013 el telescopio espacial Hubble detectó fumarolas de vapor de agua saliendo a la superficie del satélite por lo que parece confirmarse la teoría de que hay agua bajo la superficie lunar.

Tal es el interés que ha suscitado siempre Europa, que los investigadores han procurado siempre preservarla de ser “contaminada” con restos terrestres, para buscar vida extraterrestre “pura”. Por otro lado, las características especiales de Europa hacen que en ciencia ficción haya aparecido en algunas películas y novelas.

martes, 25 de marzo de 2014

Gracias, Presidente


                                
El presidente Suárez acude en ayuda de Gutiérrez Mellado durante el golpe de Estado del 23-F
 


Hace dos días falleció el Presidente. Y lo pongo en mayúsculas porque Adolfo Suárez González (Cebreros (Ávila), 1932-Madrid, 2014) fue el director de la gran orquesta que fue la Transición, una reforma que hizo que España transitase en solo dos años y medio de un régimen autoritario a un sistema democrático al celebrarse elecciones generales libres el 15 de junio de 1977.

Suárez había iniciado su carrera política durante el Franquismo, primero de manera local, luego provincial y, finalmente, llegando a su máxima responsabilidad durante el régimen franquista, director general de RTVE. Esa carrera, como estos días señalan muchos de sus críticos, fue dentro del partido único, Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Suárez era uno de los llamados “reformistas azules”, es decir, estaban en Falange pero apostaban por cambios en España ante el hecho palpable que suponía un régimen dictatorial en plena Europa Occidental. Con la muerte de Franco en noviembre de 1975, el rey Juan Carlos asumió la jefatura del Estado y formó nuevo gobierno. En él Suárez se integró como ministro secretario general del Movimiento, es decir, jefe del todavía partido único.

Ese gobierno, presidido por Arias Navarro, se vio incapaz de asumir la rapidez que se requería para las reformas hacia la democracia y el rey, finalmente, hizo dimitir a Arias Navarro y, con ayuda de Torcuato Fernández Miranda, presidente de las Cortes, escogió de una terna de nombres al nuevo presidente en julio de 1976: Adolfo Suárez. Éste no perdió el tiempo y comenzó un plan arriesgado pero inteligente para una transición pacífica (aunque por desgracia no sin sangre, pues los atentados de la ultraderecha, ETA y GRAPO fueron continuos) mediante una reforma del régimen que fuera “de la ley a la ley”, por lo que apostaba por una tercera vía en vez de por las apuestas reaccionarias (los que querían que el Franquismo continuara sin Franco) y revolucionarias (un cambio radical hacia una república popular).

Así, Suárez y su gobierno elaboraron la Ley para la Reforma Política, de iure la última de las Leyes Fundamentales del Franquismo. Por esta ley, el régimen se hacía un auténtico harakiri, ya que disolvía las Cortes franquistas y convocaba elecciones para el próximo año. El mayor riesgo de ese plan, por tanto, era que dichas Cortes, en las que había elementos muy reaccionarios, se negaran a aprobar la Ley para la Reforma Política ya que Suárez sabía que el referéndum al respecto sería aprobado por los españoles, que querían cambios. No es de extrañar que, cuando finalmente las Cortes aprobaron la ley, la cara de Suárez reflejara un gran alivio. El régimen desaparecía desde dentro.
El diciembre de 1976 los españoles aprobaban por referéndum de manera muy amplia la ley: 94.17 % a favor con una participación muy alta, del 77.8 %.

Quedaba, pues, abierta la puerta a las elecciones para Cortes Constituyentes y, en los meses posteriores, Suárez maniobró de cara a esas elecciones legalizando los partidos. El punto más arriesgado fue la legalización del Partido Comunista, temiéndose una reacción virulenta de parte del ejército. Sin embargo, la legalización, aunque fue acogida fríamente, solo provocó la dimisión del ministro de Marina. Las elecciones quedaban plenamente legitimadas con la participación de los comunistas.

Por su parte Suárez participó también en las elecciones como candidato por una coalición de diversos elementos democristianos, socialdemócratas, conservadores y de otra índole llamada Unión de Centro Democrático. En las elecciones de junio de 1977 UCD obtuvo la victoria por mayoría relativa después de una campaña intensa y en la que Suárez brilló con su famoso discurso televisado del “Puedo prometer y prometo”, como así hizo. Prometió una nueva Constitución consensuada entre las diversas fuerzas políticas, y así se hizo.
Y es que Suárez, con 166 escaños de UCD, podría haber sumado a la Alianza Popular de Manuel Fraga (franquismo sociológico aunque no ultra) y haber redactado una constitución de centro-derecha, pero sin embargo apostó por el consenso para la redacción de una constitución de todos, algo que nunca antes había ocurrido en la Historia de España. Así, en la ponencia de redacción hubo miembros de UCD, del PSOE, del PCE, de AP y de los nacionalistas catalanes. Se ideó un nuevo modelo territorial para la siempre compleja España: un sistema autonómico semejante al pensado en la II República pero con cierta inspiración en los sistemas federales europeos, pues otorga amplia autonomía a cada comunidad. En este sentido, Suárez legalizó la Generalitat de Cataluña rápidamente dándosele prioridad, junto al País Vasco, Galicia y Andalucía. Las demás comunidades serían creadas después de su mandato.

La Constitución abordó temas complejos y su redacción se prolongó hasta finales de 1978, cuando primero las Cortes y luego los españoles la aprobaron. En las Cortes solo los más extremistas se opusieron a ella y en el referéndum fue aprobada por el 88.54 % de los votantes con una participación del 67.11 %.
España ya era una democracia en todos los sentidos y, de hecho, muchos historiadores consideran que la Transición acabaría aquí, pero yo personalmente considero que se prolonga al menos hasta 1982, con la victoria por mayoría absoluta del PSOE.

Una vez ratificada la Constitución las Cortes Constituyentes ya habían hecho su labor y Suárez convocó nuevas elecciones generales para comenzar la I Legislatura de la nueva democracia. En la convocatoria de marzo de 1979 Suárez volvió a ganar aumentando ligeramente su resultado de 1977, con 168 escaños para UCD quedando el PSOE con 121, principal partido de la oposición desde las anteriores elecciones.

A partir de ese momento comenzaron las fuertes dificultades para Suárez. Unos Felipe González y Alfonso Guerra que deseaban llegar muy rápido al gobierno, junto a muchas conspiraciones dentro de UCD acabaron con el gobierno de Suárez en solo dos años a pesar de los éxitos políticos evidentes. Además, tuvo que superar una moción de censura del PSOE en 1980. Así, en enero de 1981 Suárez dimitió anteponiendo los intereses de España a los personales (“Me voy con el convencimiento de que este comportamiento es el que mi patria me exige en este momento […] yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”).

Sin embargo, a Suárez aún le quedaba por demostrar una última vez su entereza como presidente del Gobierno cuando el 23 de febrero, en la investidura de Calvo-Sotelo como su sucesor, se dio un golpe de Estado que tuvo como principal protagonista el secuestro del Congreso por un grupo de guardias civiles dirigidos por Antonio Tejero. Durante la entrada a la cámara baja, los guardias civiles dispararon sus armas al techo y el vicepresidente Gutiérrez Mellado se enfrentó con los guardias civiles, acudiendo Suárez en su ayuda. Durante los disparos, ambos, junto a Carrillo en su escaño, permanecieron desafiantes y no se ocultaron, siendo ampliamente admirados desde entonces. El golpe fracasó con la intervención del rey y días después se consumó la dimisión de Suárez como presidente. UCD se disgregó definitivamente en el año posterior y Suárez creó un nuevo partido, el Centro Democrático y Social, para las siguientes elecciones generales de 1982.

En dichas elecciones obtuvo un resultado muy malo, solo dos escaños, pudiendo mantener su escaño por Madrid. En 1986 volvió a presentarse logrando que el CDS se convirtiera en el tercer partido del país, pero fue algo solo momentáneo, pues Alianza Popular fue fortaleciéndose asumiendo elementos centristas y se convirtió en la única alternativa grande al PSOE. Así, en 1991 el CDS sufrió un descalabro en las elecciones municipales y Suárez dejó la presidencia del partido y la política activa.

Los reconocimientos a su labor no llegaron hasta mediados de la década de 1990 y fueron lentos pero paulatinos llegando a su cénit al otorgársele el premio Príncipe de Asturias de la Concordia de 1996. En los 2000 su figura fue ganando reconocimiento… justo cuando su memoria comenzó a apagarse por el Alzheimer, después del duro golpe de perder a su esposa por el cáncer y a su amigo Gutiérrez Mellado en los años previos. Enfermo, se retiró de la vida pública sin recordar haber sido presidente del gobierno y su labor para España, que, ahora sí, es recordada y reconocida con gratitud por la mayoría de los españoles.

Descansa en paz, Presidente, y gracias por todo. 

sábado, 22 de marzo de 2014

Imagen de la Semana: Atocha antaño



La imagen de esta semana es familiar para los que somos de Madrid: la estación de Atocha hace muchos años. Atocha actualmente es una mega estación, la principal de Madrid, formada por tres en una: la de Madrid-Atocha de Cercanías, la de Atocha Renfe de Metro de Madrid y la de Puerta de Atocha para los trenes de alta velocidad y larga distancia.

La zona original de la estación se convirtió a finales de los 80 en un gran jardín tropical que actúa como sala de espera e incluso centro comercial. Antes de esa profunda remodelación, estaba surcada por los raíles que conectaban con toda la mitad sur de España. Sin embargo, a pesar de que el ruido de los trenes ya no se escucha en la Atocha histórica (de preciosa conjunción historicista e industrial del siglo XIX), sigue siendo un lugar lleno de vida con gente a casi todas horas, lo que es parte de su atractivo.

sábado, 15 de marzo de 2014

Imagen de la Semana: La llegada del Templo de Debod



La imagen de esta semana es una mezcla de aires de Oriente, concretamente del Antiguo Egipto, y de aires actuales. El monumento más antiguo que hay en Madrid es este pequeño templo egipcio, el Templo de Debod, que pasa en cierto modo desapercibido a pesar de su gran exclusividad. Y es que este templo fue construido alrededor del año 200 a. C (por lo que es muy moderno dentro de lo que fue la extensa historia de Egipto, concretamente de la etapa helenística de los Ptolomeos) cuando Madrid no existía y ni siquiera estaba en proyecto ya que Madrid es una ciudad de origen medieval, cuando se creó como fortaleza musulmana primero y después como pequeño conjunto de viviendas tras su toma por los cristianos.

Así, el Templo de Debod tiene como primera peculiaridad que es mucho más antiguo que la ciudad que lo acoge desde que, en 1968, Egipto regaló cuatro templos a diferentes países que habían colaborado en la preservación de varios templos, entre ellos Abu Simbel, en peligro por la construcción de la Presa de Asuán. Los cuatro países que recibieron un templo similar al de Debod fueron Estados Unidos (Dendur, actualmente situado en el Museo Metropolitano de Nueva York), Italia (Ellesiya, en el Museo Egipcio de Turín), Holanda (Taffa, en el Rijksmuseum van Oudheden de Leiden) y España, que es el nuestro de Debod, ubicado en el Parque del Oeste de la capital hispana, donde antaño se encontraba en Cuartel de la Montaña, destruido parcialmente en la Guerra Civil.

El templo se ubicaba originalmente en una pequeña localidad homónima a orillas del río Nilo, cerca de la primera catarata, en la Baja Nubia, es decir, al sur del país. Estaba dedicado al dios Amón, pero estaba relacionado con un templo más grande situado en sus proximidades dedicado a la diosa Isis, por lo que los investigadores creen que en Debod se rendía culto a ambas deidades.

El templo en sus orígenes era más pequeño que en la actualidad (para más información al respecto recomiendo visitar directamente en templo, donde explican las sucesivas ampliaciones que tuvo a lo largo de los siglos). Así, el núcleo primigenio fue rodeado por nuevas estancias construidas en época ptolemaica y, ya en época romana, se incorporaron las columnas de entrada que vemos hoy, de orden floral; un edificio anexo y más decoración en el interior. El templo tiene muchos grabados relacionados con dioses egipcios que permiten conocer de primera mano la vida en esa antigua civilización. También pueden observarse (aunque fijándose especialmente) graffiti antiguos incluso en su exterior, como dromedarios, cruces e inscripciones, lo que da fe del uso de las escrituras expuestas en el pasado, escrituras que también ha sufrido el templo actualmente ya que el año pasado fue vandalizado con unas pintadas rojas en su exterior, que los servicios de conservación borraron rápidamente.

En la fotografía, sin embargo, lo que se ve es cómo, al traerse a España, se reconstruyó intentando mantener su aspecto original en lo posible (técnica llamada anastilosis en arqueología), y se consiguió aunque no sin dificultades pues junto a los bloques de piedra solo se habían incluido un plano y un croquis del alzado del templo, junto a diferentes fotografías. El templo llegó a Madrid en 1970 y se inauguró el emplazamiento oficialmente en 1972. 

+ Info: www.madrid.es/www.madrid.es/templodebod

sábado, 8 de marzo de 2014

Europa hace cien años





Cuando en la educación secundaria llega el tema referido a la geografía política de Europa en la actualidad, hay profesores benévolos que, ante la enorme complejidad y la gran cantidad de países que existen, deciden pasarlo más bien de puntillas y otros que no tienen piedad y pone a los alumnos a memorizar el mapa dichoso e incluso las capitales respectivas, llegando a nuestro conocimiento la existencia de países hasta entonces desconocidos, como Moldavia o Montenegro (y que tampoco suelen aparecer en las copas de fútbol, tan populares aquí).

Por lo tanto no es de extrañar que ante el actual rompecabezas que es el mapa europeo, sobre todo en el este, hace solo cien años fuera tan diferente y, sobre todo, tan sencillo.
Y es que en 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, Europa era un continente de Estados grandes y multiétnicos, de imperios a la manera antigua con magníficas capitales. Así, por extensión destacaban en el oeste Reino Unido, que incluía entonces a toda la isla de Irlanda (el Éire se declaró en 1922 como Estado Libre). Reino Unido era la mayor potencia mundial gracias a su gigantesco imperio en los seis continentes: en América poseía el dominio de Canadá, aunque su política interior era independiente, además de enclaves en el Caribe (como Jamaica, Belice e islas menores) y en Sudamérica (la Guayana británica); en África tenía un enorme imperio lineal entre Egipto y Sudáfrica solo interrumpido por el África del Este alemana además de otras zonas a parte como Nigeria y una zona de Somalia junto a varias islas y enclaves comerciales en el golfo de Guinea (Ghana); en Asia poseía su joya de la Corona: India, que entonces incluía los actuales Pakistán, Bangladesh y Birmania además de India. Por otro lado, poseía el sur de la península arábiga y tenía derechos comerciales en los puertos chinos además de su guarnición de Singapur y Malasia; en Oceanía dirigía los destinos de Australia, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea y miles de pequeños archipiélagos.
Por último, controlaba el mar Mediterráneo al poseer sus entradas: Gibraltar y el canal de Suez, con paradas intermedias en Malta y Chipre. Era un imperio global y muy poderoso.

En el oeste europeo también destacaba Francia. Poseía su actual extensión salvo por las regiones de Alsacia y Lorena, entonces parte de Alemania. Su valor residía, como en Reino Unido, en su extenso imperio colonial, aunque era diferente al caso británico. En América sus territorios se limitaban a enclaves en el Caribe y a la Guayana (que todavía conserva), en África grandes extensiones en el noroeste, incluyendo casi todo el desierto del Sáhara, Marruecos, Argelia, Túnez, Mauritania, Senegal, la actual Costa de Marfil, etc. esto se completaba con Madagascar y otros enclaves más pequeños. En Asia su dominio se restringía a la Indochina, actuales Vietnam, Laos y Camboya. En Oceanía tenía (y conserva) archipiélagos en Polinesia y el de Nueva Caledonia. Su imperio no era tan rico ni daba tantos beneficios como el británico pero convertía a Francia en una potencia clave en el orden mundial.

Italia y España eran los otros dos países de gran extensión en el occidente europeo en 1914. Italia se había unificado en gran parte en 1861 ampliándose años después con los Estados Pontificios y Venecia. Su extensión era muy similar en 1914 a la actual salvo por el Trentino, entonces austríaco. Era una potencia de segundo orden ya que ni era tan rica como Francia ni poseía un imperio colonial tan grande limitándose a las africanas Libia, Somalia y Eritrea. En cuanto a España, su extensión coincide con la actual ya que no se vio implicada en las grandes guerras continentales del siglo XX y por tanto no sufrió corrimientos de fronteras como en otros casos. España era una potencia de segundo (o tercer) orden, pobre y con un pequeño imperio colonial tras perder sus territorios ultramarinos en 1898 a manos de Estados Unidos: el protectorado de Marruecos (norte y sur del actual país), el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial.

A caballo entre el oeste y el este europeo se encontraba el II Reich, el Imperio Alemán. Alemania antes de su unificación definitiva en 1871 era un complejo territorio dividido en múltiples Estados. Bismarck logró unir todos ellos en un potente imperio dirigido por el más fuerte, Prusia. Desde entonces la nueva Alemania había logrado convertirse en una potencia muy a tener en cuenta: superó a Francia en poder económico y amenazó a Gran Bretaña y comenzó a exigir su lugar en el mundo. En el reparto de África alzó la voz exigiendo lo que le correspondía y recibiendo muy poco para sus expectativas y, además, disperso: Camerún, Togo, la actual Namibia y Tanzania. En Asia consiguió quedarse con algunos enclaves insulares comprados a España, como Micronesia.
Así, la enemistad entre Gran Bretaña y Francia con Alemania venía dada en gran medida por recelos mutuos a cuenta del poder mundial y su lugar en él. Por finalizar con Alemania, su extensión en 1914 era mucho mayor a la actual: incluía las francesas Alsacia y Lorena y parte de lo que ahora es Polonia, además de Prusia Oriental, hoy el Oblast ruso de Kaliningrado.

En el este europeo destacaban dos grandes imperios como Estados más grandes. Primero el multiétnico y complejo Imperio Austrohúngaro. Austria era un potente imperio desde el siglo XVIII y había logrado el estatus de potencia continental tras las Guerras Napoleónicas. No era lo que ahora conocemos con Austria, un país miniaturizado, sino que incluía a las actuales República Checa, Eslovaquia, parte del sur de Polonia, Hungría, Eslovenia, Croacia, y la Transilvania rumana. Un conglomerado de naciones sin Estado pero en el que estaban representadas en Viena. A finales del siglo XIX se decidió igualar el papel de una de ellas, Hungría, creando la monarquía dual, el emperador austríaco era también el rey de Hungría y ambas, Austria y Hungría, dominaban a las otras naciones, checos, eslovacos, polacos y eslavos del sur. Así, formaba un potente imperio pero con problemas internos destacables y sin imperio colonial. En la actualidad esa zona del mapa se ha desintegrado en varios países y Austria y Hungría son pequeños Estados sin salida al mar e irrelevantes en el orden europeo.

Por último, en el extremo este europeo tenemos un país de actualidad: Rusia, o, mejor dicho, el Imperio Ruso, puesto que en 1917 era más grande de lo que aún hoy es la Federación de Rusia, pues incluía nada menos que las actuales Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, parte de Polonia, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, todo el Cáucaso y las repúblicas que hoy existen en Asia central. Era un imperio muy grande pero de pies de barro: de los menos industrializados del continente y que había sido derrotado por una pequeña potencia en ascenso como Japón años antes, en 1905. Además, las huelgas y desórdenes por la pésima calidad de vida estaban a la orden del día y el gobierno zarista solo respondía con brutalidad. Junto a Alemania, por la singularidad de su Historia reciente, son los países que más cambios han atravesado desde 1914 con regímenes diversos. Veamos una cronología de cada uno de ellos (para el Imperio austrohúngaro he escogido Austria como sucesor en el tiempo. Solo señalo los cambios territoriales):

Reino Unido:
1914: Estalla la Primera Guerra Mundial y entra en guerra con los Imperios Centrales tras la violación de la neutralidad belga.
1918: Fin de la Primera Guerra Mundial con victoria de los aliados. Gran Bretaña recibirá reparaciones de guerra y mandatos de las antiguas potencias centrales en África y Oriente Próximo.
1922: Independencia de facto de Irlanda. Los condados del noreste permanecen británicos por su mayoría protestante comenzando un largo conflicto entre los unionistas y los republicanos irlandeses.
1939: Comienza la Segunda Guerra Mundial con la invasión alemana de Polonia.
1940: Gran Bretaña, sola ante el Eje tras la derrota de Francia.
1945: Fin de la Segunda Guerra Mundial. Vencen los aliados pero las dos superpotencias que emergerán a partir de entonces serán Estados Unidos y la Unión Soviética. Gran Bretaña queda en segundo lugar y comienza la descolonización.
1947: Independencia de la India. Gran Bretaña perderá progresivamente su imperio durante los años 50 y 60 manteniendo solo pequeños enclaves.
1982: Guerra de las Malvinas contra Argentina. Mantiene su presencia en esas lejanas islas.
2014: Referéndum de independencia en Escocia.

Francia:
1914: Estalla la Primera Guerra Mundial y entra en guerra con los Imperios Centrales en virtud de las alianzas militares preestablecidas.
1918: Fin de la Primera Guerra Mundial con victoria de los aliados. Francia recibirá reparaciones de guerra y mandatos de las antiguas potencias centrales en África y Oriente Próximo. Su revanchismo será evidente y recuperará Alsacia y Lorena.
1939: Comienza la Segunda Guerra Mundial con la invasión alemana de Polonia.
1940: Francia es derrotada por Alemania rápidamente y su territorio dividido entre la Francia ocupada por los alemanes y la Francia de Vichy, Estado satélite del Tercer Reich. Pierde Alsacia y Lorena a favor de Alemania.
1944: Tras el desembarco de Normandía, Francia es más tarde liberada por los aliados y su soberanía es restituida.
1945: Fin de la Segunda Guerra Mundial. Vencen los aliados pero las dos superpotencias que emergerán a partir de entonces serán Estados Unidos y la Unión Soviética. Francia recupera Alsacia y Lorena
1962: Fin de la Guerra de Argelia. Descolonización total progresiva de los países de su imperio. Conservará pequeños enclaves.

Italia:
1914: Estalla la Primera Guerra Mundial e Italia se mantiene neutral a pesar de su alianza con Alemania y Austria.
1915: Italia entra en guerra con los aliados.
1918: Fin de la Primera Guerra Mundial con victoria de los aliados. Italia recibe territorios en el Trentino y en la zona de Trieste, poco para lo que se le había prometido.
1936: Conquista de Etiopía. Creación del Eje Roma-Berlín.
1939: Comienza la Segunda Guerra Mundial con la invasión alemana de Polonia.
1940: Italia entra en guerra junto a su aliado alemán. Ese mismo año su flota es hundida en Tarento.
1943: Los aliados desembarcan en Sicilia y la guerra vivirá duras batallas en Italia. Cae Mussolini pero es repuesto en el poder en la Italia del norte, controlada por Alemania (República Social Italiana).
1945: Fin de la Segunda Guerra Mundial. Vencen los aliados pero las dos superpotencias que emergerán a partir de entonces serán Estados Unidos y la Unión Soviética. Italia, como país vencido, se verá en una posición secundaria.
1946: Cae la monarquía por su apoyo al fascismo y se proclama la república. Pérdida del imperio colonial.
1947: Trieste vuelve a ser italiana.

España:
1914: Estalla la Primera Guerra Mundial y España se mantiene neutral toda la guerra, lo que la dará beneficios económicos a corto plazo.
1921: Desastre de Annual en la guerra del Rif.
1923: Dictadura de Primo de Rivera. Fin de la guerra del Rif y consolidación del protectorado marroquí.
1936: Comienza la Guerra Civil Española, el país se divide en dos zonas durante casi tres años.
1939: Fin de la Guerra Civil Española con victoria de los sublevados de Franco. Comienzo dictadura franquista. Comienza la Segunda Guerra Mundial con la invasión alemana de Polonia.
1945: Fin de la Segunda Guerra Mundial. Vencen los aliados pero las dos superpotencias que emergerán a partir de entonces serán Estados Unidos y la Unión Soviética. España queda aislada por su apoyo indirecto al Eje.
1956: Independencia de Marruecos. España le cederá en 1969 Ifni. En 1968 se independiza Guinea Ecuatorial.
1975: Muere Franco. Juan Carlos I rey, comienza la transición a la democracia. Cesión del Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania.

Alemania:
1914: Estalla la Primera Guerra Mundial. Alemania entra en guerra con Gran Bretaña, Francia y Rusia, entre otros.
1918: Fin de la guerra. Por el Tratado de Versalles pierde todo su imperio colonial además de territorios en Europa: Alsacia y Lorena a favor de Francia, además del Sarre por quince años; Cede territorios en su zona este a favor de la nueva Polonia.
1936: Recupera el Sarre tras plebiscito a favor.
1938: Ocupación de los Sudetes checos. Anexión de Austria. Protectorado en Bohemia.
1939: Comienza la Segunda Guerra Mundial con la invasión alemana de Polonia con el pretexto del Corredor de Dánzing. Se anexiona parte de Polonia en virtud del Pacto Germano-Soviético.
1940: Conquistas en el norte y oeste europeo. Victoria sobre Dinamarca, Noruega, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Francia. Ampliación de territorios.
1945: Fin de la Segunda Guerra Mundial. Alemania queda dividida en cuatro zonas de ocupación aliada y también su capital, Berlín.
1949: La Guerra Fría se refleja en Alemania y se crean dos repúblicas. Los aliados occidentales crearon la República Federal Alemana en el oeste y los rusos la República Democrática Alemana, en el este. El oeste era capitalista y aliado de Estados Unidos y el este comunista y satélite de la Unión Soviética. Berlín estaba en la zona este pero las zonas que administraban los aliados occidentales quedaron dentro de la RFA como un enclave. En los 60 Berlín quedó separado por el famoso Muro.
1989: Cae el Muro de Berlín en plena desintegración del bloque comunista.
1990: Reunificación de Alemania. La RDA se integra en la RFA quedando Alemania con su actual extensión.

Austria:
1914: Comienza la Primera Guerra Mundial.
1918: Fin de la guerra: el Imperio Austrohúngaro se divide y deja de existir. Su núcleo, Austria, queda reducido a un pequeño Estado y no se le permite unirse a Alemania. Además, pierde el Trentino a favor de Italia. Se crean Checoslovaquia, Polonia, Hungría y Yugoslavia a partir de territorios del antiguo imperio.
1938: Anexión de Austria por Alemania. Queda integrada en el Tercer Reich.
1945: Fin de la Segunda Guerra Mundial. El territorio austríaco queda, como el alemán, dividido en cuatro zonas, tres de los aliados occidentales, y la rusa. Sin embargo, en Austria sí se llegó a un acuerdo: el país quedaba unificado pero a cambio sería neutral y no pertenecería a ninguno de los dos bloques.

Rusia:
1914: Comienza la Primera Guerra Mundial. Rusia pierde terreno desde el principio a favor de Alemania.
1917: Rusia se retira de la guerra tras el triunfo de la revolución bolchevique pero pierde extensos territorios: Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Besarabia. Inmediatamente después comienza la guerra civil y el territorio queda dividido en dos zonas. Finalmente los bolcheviques se hacen con la victoria y recuperan el control de todo el país creando en 1922 la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
1939: Alemania invade Polonia comenzando la Segunda Guerra Mundial. En virtud del Tratado Germano-Soviético, la URSS se queda con la mitad este de Polonia. En la Guerra de Invierno contra Finlandia consigue la orilla oeste del lago Ladoga.
1941: Alemania invade la URSS y llega a las puertas de Moscú pero es derrotada finalmente.
1945: Acaba la Segunda Guerra Mundial con la URSS ocupando todo el este europeo y convirtiéndolo en su zona de influencia. La URSS se expande hacia el oeste alcanzando su máxima extensión territorial.
1990: Comienza la desintegración de la URSS con la independencia de Lituania. En 1991 las repúblicas se independizan progresivamente, incluida Rusia, y la URSS acaba formalmente disuelta.
2014: Referéndum en Crimea para la integración en Rusia que se celebrará en unos días. Sería la primera ampliación territorial en décadas.

Imagen de la Semana: Hermosa Alhambra



La imagen de esta semana tiene tiznes árabes, y es que he elegido el monumento español más visitado cada año: la Alhambra.

Aunque hay otros patios más conocidos en ese complejo palaciego, sede del emir de Granada durante siglos, como el Patio de los Arrayanes y, sobre todo, el de los Leones, he preferido mostrar El Partal, uno de los lugares más románticos de Granada.

Con la conquista de los reinos de taifas vecinos en época de Fernando III de Castilla, Granada quedó arrinconada pero sobrevivió doscientos años más, hasta 1492, cuando su último emir, Boabdil, rindió la ciudad tras diez años de guerra contra los Reyes Católicos. Su supervivencia se debió a varios factores destacando la riqueza de sus vegas que le hacían autoabastecerse en buena medida y además pagar a Castilla un canon como Estado vasallo, la división de Castilla y la sucesión de conflictos que le impedían fijarse en Granada, y la ayuda de los benimerines, pueblo que residía en el norte de África pero que nunca llegó a ocupar la Península, como sí habían hecho en el pasado los almorávides y los almohades.

sábado, 1 de marzo de 2014

Imagen de la Semana: Plaza de Canalejas



La imagen de la semana esta vez es para la Plaza de Canalejas, una de las más céntricas de Madrid, situada en una confluencia de calles junto a la Puerta del Sol y cerca del Congreso de los Diputados. La plaza antes se denominaba “Plaza de las Cuatro Calles” dada su situación de intersección pero la muerte del presidente José Canalejas a unos 100 metros de ella en 1912, mientras miraba el escaparate de una antigua librería, hizo que se le cambiara el nombre en su honor. La plaza es significativa por los edificios que la rodean y que tienen cierto aire parisino.

José Canalejas fue líder del Partido Liberal entre 1905 y 1912 y presidente del Consejo de Ministros (actualmente llamado Presidente del Gobierno) entre 1910 y 1912. Después de la Semana Trágica de Barcelona en 1909 se hacían necesarios cambios desde el gobierno a la compleja situación que atravesaba España. Canalejas al llegar al poder respondió con reformas y con una política que podría considerarse más izquierdista, como respuesta a las huelgas y al ascenso del Partido Socialista. Un ejemplo de esta política fueron sus medidas anticlericales, ya que la Iglesia era la bestia negra de la izquierda y de los liberales. Sin embargo, no pudo llevarlas a cabo por su repentino asesinato por un anarquista, movimiento que ya había asesinado a otros líderes internacionales y en España había acabado con la vida de otro presidente, Antonio Cánovas del Castillo.