sábado, 30 de agosto de 2014

Microrrelato: El Camino




Tierra, cielo, un aire que sopla frío en las elevaciones asturianas. En muchos tramos, solo con ellos. Eso es lo que puede ser el Camino de Santiago, la ruta de peregrinación más importante de Europa y que he experimentado durante este mes.

Avanzo por el Camino, que serpentea por el mundo, rodeado de una tierra siempre verde, alimentada por nieblas y lluvias casi continuas con permiso de algún día de predominio del Astro Rey. Y mientras ando, continúo, sobrepasando colinas, pendientes, arriba y abajo, a veces acompañado de otros peregrinos y otras en solitario, pensando y meditando sobre la vida y sobre lo distinta que fue y sigue siendo en tierras tan lejanas de la mal llamada civilización como éstas.

Llego a mi ansiado destino, una ciudad sí, pero que tiene algo que emociona. Entrar en su catedral, al destino tan ansiado, seas religioso o ateo, es una experiencia única y que no olvidas. Subes a ver al Apóstol, ¿de verdad está enterrado allí? No lo sé, pero algo debe haber para que desde hace un milenio se peregrine allí desde toda Europa. La experiencia vale la pena, libero tensiones y asumo una calma como hacía años no sentía. Disfruto del caminar por esos senderos que tanto echaré de menos en medio de la rutina de la Urbe.

martes, 26 de agosto de 2014

El Norte



Solemos emplear comúnmente esta denominación para referirnos a la mitad septentrional de nuestro país o, en su defecto, a las regiones situadas al norte de la Cordillera Cantábrica.

Sin embargo, después de recorrerme por motivo del Camino de Santiago una parte significativa de Asturias y Galicia, puedo afirmar que esta denominación debe ser cogida con pinzas porque el Norte es homogéneo solo en parte.

Atendiendo a su versión más restrictiva, que incluye solo a Galicia, el Principado de Asturias, Cantabria y el País Vasco (aunque como norte podrían incluirse sin problemas Castilla y León, La Rioja y Navarra como mínimo), el Norte sería muy heterogéneo. 

En el aspecto estrictamente geográfico presentan ciertas similitudes. La primera es la preponderancia del clima oceánico, que otorga a la zona una gran cantidad de precipitaciones, lo que caracteriza un paisaje muy semejante al de las islas británicas o el oeste de Francia, con un verde perenne, y aleja al Norte del aspecto del resto de España, mucho más seco a excepción de las zonas montañosas. Otro aspecto geográfico destacable es la orografía en general complicada de la región. Al sur está separada de la meseta castellana por la Cordillera Cantábrica, que alcanza destacables elevaciones. Pero las colinas y montes mantienen su presencia casi hasta la costa, sobre todo en Asturias. En Galicia destaca el Macizo Galaico, de altitudes más bajas que la cordillera pero que otorga a dicha comunidad una orografía harto compleja. Lo mismo se repita en el País Vasco, plagado de puertos de montaña. Algunas zonas se diferencian del conjunto. Por ejemplo, el extremo sur de Cantabria ya muestra signos del clima continental y la provincia vasca de Álava igual, con inviernos más extremos que los costeros.

Por tanto, las diferencias entre las regiones norteñas no vienen dadas, en general, por la geografía sino por la sociedad y la Historia. La región noroeste española lleva en crisis antes incluso que 2008. No vivió la prosperidad económica de los años de bonanza ya que incluso entonces perdía población de manera lenta e irreversible. No era una región atrayente sino envejecida y aparentemente con escasas oportunidades. Desde Cantabria al oeste y desde Valladolid al noroeste, todas las provincias perdían población y solo Pontevedra, por el efecto de la ciudad de Vigo, tenía una media de edad más baja que las demás. Caso muy distinto es el País Vasco, plenamente activo y con una economía dinámica con una industria en reconversión.

En lo histórico el Norte tiene sus similitudes en las épocas más antiguas. Astures, cántabros y vascones se resistieron ferozmente a la conquista romana y, de hecho, la romanización en esta zona fue más débil que en el resto de España, aunque finalmente el idioma latino penetrara sustituyendo todas las lenguas nativas excepto una que aún hoy pervive: el euskera, idioma que diferencia al País Vasco (o Euskadi) de sus vecinas norteñas, que tienen como lenguas oficiales a descendientes del latín.

Posteriormente, el Norte quedó bajo dominio visigodo (Galicia durante un tiempo bajo control de los suevos) hasta que la invasión musulmana de 711 hizo que toda la Península quedara bajo control de Damasco. Sin embargo, en las montañas del Norte quedaron grupos de resistencia formados por nativos asturianos o cántabros o por visigodos exiliados. Desde esos núcleos montañosos iniciaron su lenta expansión ocupando territorios por los que los musulmanes no tenían excesivo interés. Comenzaba así lo que en el pasado se llamaba sin dudar Reconquista, término ahora controvertido ya que nunca se utilizó en esa época sino que fue inventado por la historiografía en el siglo XIX.

En cualquier caso, los reinos que posteriormente formaron España nacieron en el Norte. El núcleo occidental, el que nos ocupa en este artículo, comenzó con la “batalla” de Covadonga, primera derrota de los musulmanes. En esa escaramuza ganada por los cristianos dirigidos por Pelayo, se mezcla mucho la Historia y la leyenda ya que se incluye la participación de la Virgen en la victoria cristiana. En cualquier caso, se considera ese el punto de inicio de la expansión de lo que sería el reino de Asturias. Conforme avanzó territorialmente la capital asturiana fue cambiando. Primero fue Cangas de Onís y, con la conquista de Oviedo, la capitalidad pasó a esta ciudad, que aún ostenta. El avance fue muy lento pero se fue afianzando. Galicia quedó integrada en el reino asturiano y zonas de la actual Cantabria. 

La Cruz de la Victoria, símbolo del reino asturiano y del actual Principado.


La expansión definitiva llegó con la ocupación de todas las tierras hasta el río Duero hacia el siglo X, muy despobladas y en las que asturianos y andalusíes solían tener sus escaramuzas. La conquista de León conllevó que la capitalidad se trasladara a esa ciudad y que los historiadores suelan cambiar la denominación a partir de ese momento: el reino de León. Lo que sigue es más conocido: el reino leonés continuó su expansión hacia el sur, sufrió la secesión de Castilla y en 1230 ambos quedaron definitivamente unificados en el reinado de Fernando III creando la denominada Corona de Castilla y León.

La zona oriental vivió experiencias diferentes. El actual País Vasco quedó bajo jurisdicción del reino de Pamplona, posteriormente reino de Navarra. La decadencia de ese pequeño reino conllevó su repliegue a lo que hoy es la Comunidad Foral de Navarra y que la zona vasca quedara bajo jurisdicción castellana. Cantabria, entre ambas zonas, rápido quedó bajo dominio asturiano y leonés.

Las diferencias culturales en el Norte también son por idioma. Dejando a un lado al milenario euskera, en el Norte nacieron tres lenguas romances: el gallego, el asturleonés y el castellano. Los orígenes del castellano se localizan en la franja de tierra entre Cantabria, Burgos y La Rioja, con influencia vasca en ciertas palabras. Así, el castellano es una lengua norteña que se utilizó cada vez más hasta convertirse en la primera lengua de la Corona castellana y, con el tiempo, española.

El gallego tiene rasgos más arcaizantes y es una lengua que ya fue muy importante en la Edad Media. De un embrión común desciende también el portugués, muy parecido al gallego. Actualmente, se halla plenamente normalizado en Galicia y también se habla en ciertas zonas cercanas, como la comarca leonesa de El Bierzo.

Por último, el asturleonés es un conjunto de dialectos históricos del latín que son menos hablado por la población local. Sobre todo se utiliza en las zonas rurales de Asturias y del norte de la provincia de León.

Por tanto, queda claro que la denominación Norte es genérica debido a la complejidad del territorio y de sus sociedades.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Calisto, la luna del falso bosque



El tono verdoso entre tantos cráteres da la impresión de un enorme bosque recubriendo el satélite pero esto, obviamente, no es así. Solo nuestra Tierra alberga vida compleja, por lo que ese color verduzco proviene del efecto óptico de la fotografía y de la composición de su superficie.

Se trata de Calisto, el tercer satélite más grande del Sistema Solar y el segundo adscrito a Júpiter. Como sus lunas hermanas (Ganímedes, Ío y Europa) lleva el nombre de uno de los amantes del dios Júpiter, señor de los cielos y rey de los dioses en la religión romana (Zeus en la griega).

Su superficie es de roca y hielo y se cree que bajo ella existe un océano líquido, como también ocurriría en la vecina Europa. Sin embargo, en el caso de Calisto es menos probable por sus características. Por otro lado, los científicos lo consideran el satélite más adecuado para un hipotético asentamiento humano de exploración de Júpiter debido a la poca radiación solar que recibe y a la ausencia de movimientos geológicos (al igual que en nuestra Luna, esos cráteres permanecerán intactos por milenios).