lunes, 29 de febrero de 2016

El porqué de los años bisiestos




 Retrato del Papa Gregorio XIII, responsable último del actual calendario. 

La mayoría de la gente no se pregunta el por qué, simplemente es así. Pero a los que, como a mí, nos interesa el por qué de todo, el hecho de que febrero sea un mes “cojo” al tener menos días que el resto, nos resulta curioso. 

El motivo se remonta, como tantas otras cosas, a la Antigua Roma. El nombre procede del latín bis sextus dies ante calendas martii, que significa “dos veces el sexto día antes del primer día (calenda) del mes de marzo (martii)”. Así, se intercalaba un día extra entre el 23 y el 24 de febrero. Esto fue introducido por Julio César cuando reformó el calendario romano (a propósito, la palabra calendario viene de la calenda, el primer día de cada mes en Roma) después de consultar con astrólogos en su paso por Egipto y Oriente. La reforma era muy necesaria pues el calendario anterior se había quedado desfasado y daba múltiples problemas. 

El calendario juliano se mantuvo en Europa Occidental hasta que el Papa Gregorio XIII reformó algunos aspectos puntuales, entre ellos el día intercalado de febrero que, para simplificarlo, se colocó al final del mes, siendo ya para siempre 29 de febrero cada cuatro años. 

Pero, ¿por qué se añade un día? Porque Julio César no hizo un calendario perfecto al ser imposible hacerlo y Gregorio XIII tampoco pudo “corregirlo”. Esto es porque se incluyen 365 días en un año pero una vuelta completa alrededor del sol son 365 días…pero también cinco horas, 48 minutos y 56 segundos. Concretar ese tiempo extra supone que las cinco horas, 48 minutos y 56 segundos cada tres años se traduzcan en un día: el 29 de febrero cada cuatro años, pero esto se obtiene a base de redondear el tiempo “sobrante” a seis horas y multiplicarlas por tres: 24 horas. Esto hace que, aunque sea una solución, no sea perfecta. 

A esto se suma otra complicación: de los años que acaban en 00 (como el 2000) solo son bisiestos los que son múltiplos de 400. Así, el 2000 o el 1600 fueron bisiestos, y lo será también el 2400, pero no lo fueron los años 1800 o 1900 y tampoco lo será el próximo 2100. 

Y, ¿qué pasa con las personas que, casualmente, han nacido un 29 de febrero? Pues depende del país. En España se considera que cumplen años oficialmente en los años no bisiestos a las 00.00 horas del día 28 de febrero.  

viernes, 26 de febrero de 2016

El rey Felón



La Edad Media, esos aproximadamente mil años que han marcado de manera muy importante la Historia de Occidente, también nos dieron las palabras felonía y felón, que actualmente no son casi utilizadas en el lenguaje común del castellano. 

Según el diccionario de la Real Academia Española la felonía es “deslealtad, traición, acción fea”, y el felón es el adjetivo “que comente una felonía” y procede del francés felón (cruel, malvado). Por tanto, su connotación negativa es evidente en ambos idiomas. 

Su origen se remonta al feudalismo, sistema político, económico y social que existió durante varios siglos de la Edad Media, principalmente entre los siglos X y XIII y sobre todo en Europa Occidental. En el mismo, el rey estaba en la cúspide de la pirámide social pero su poder era reducido, ya que tan solo tenía plena autoridad en los territorios gestionados directamente por él, mientras que en el resto de su reino eran sus señores vasallos los que ejercían directamente el control. Estos señores estaban sometidos a su rey por un juramento de fidelidad pero en sus feudos podían hacer y deshacer con casi plena voluntad, llegándose a expedir moneda propia en cada feudo. Por tanto, el rey en el feudalismo era en realidad el “primus inter pares”, el primero pero entre iguales. Además, cada señor feudal podía tener a su vez otros vasallos, creándose una red de dependencias compleja y que iba descendiendo según el poder y estatus del señor feudal. 

Rito del Homenaje, por el que el vasallo juraba fidelidad a su señor. Tenía una parte oral y otra gestual (imagen).


Ahora bien, si un vasallo de un señor se atrevía a romper su juramento de fidelidad pasaba a cometer una felonía, un grave delito al romper su compromiso. Y así, conectamos con nuestra historia: un felón, es decir, un traidor, llegó a ser rey de España. 

Ese rey no es otro que Fernando VII, hijo de Carlos IV (también bastante inútil) y nieto de un gran rey como fue Carlos III. Su carácter traicionero ya lo demostró cuando conspiró en 1808 para derrocar a su propio padre incentivando el Motín de Aranjuez, que propició la abdicación de Carlos IV y que Fernando asumiera la corona. Sin embargo, poco estuvo esa corona en su cabeza, ya que en este contexto fue cuando, en virtud del Tratado de Fontainebleau, los franceses entraron en España supuestamente para ocupar entre ambos países Portugal. No obstante, lo que era en teoría un ejército amigo pasó a comportarse como un invasor y, en medio de la tensión, Fernando VII fue llamado por el emperador francés, Napoleón, que se propuso como árbitro en la disputa entre padre e hijo. 

Retrato de Fernando VII (San Lorenzo de El Escorial, 1784-Madrid, 1833), rey de España en 1808 y de 1813 a 1833.


Napoleón, muy astuto, engañó a ambos y los convocó en la ciudad francesa de Bayona, muy cerca de la frontera con España. Allí los tenía atrapados y les obligó a abdicar a favor de sí mismo quien, a su vez, abdicó en su hermano José, y le nombró de esta manera rey de España. Los españoles, que habían visto con indignación cómo la familia real era trasladada a Francia, se sublevaron contra la ocupación francesa de manera más o menos simultánea a estos hechos y, cuando tuvieron conocimiento de la retención de Fernando VII en Bayona y del nombramiento de un francés como rey de España, esa sublevación se tornó en una cruenta guerra contra Francia: la Guerra de la Independencia. 

Esta guerra, enmarcada en el contexto general de las Guerras Napoleónicas en Europa, duró hasta 1813 y dejó al país extenuado y destrozado. Casi toda España fue ocupada por los franceses y solo Cádiz, por su estratégica posición, resistió el empuje francés, reuniéndose allí las Cortes, que redactaron la primera constitución de la Historia de España: la de 1812, apodada popularmente La Pepa. 

La conjunción de españoles con el apoyo imprescindible de británicos (aunque ellos dicen que lo hicieron todo ellos solos en lo que denominan Peninsular War) y portugueses, hizo que los últimos restos del ejército francés abandonaran la Península en 1814 y que se firmara el Tratado de Valençay, por el que Napoleón reconoció como rey de España a Fernando VII, permitiéndole volver a casa. 

Así fue, Fernando volvió a Madrid en 1813 e inició su reinado definitivo. Tras años de guerra, los españoles le apodaron “el deseado”, esperando que su reinado fuera próspero. Se equivocaron. Fernando VII volvió a hacer honor a ser felón, esta vez traicionando a su pueblo al abolir la constitución redactada en Cortes por ser claramente liberal y pretender él gobernar de manera absoluta como sus predecesores. Y así fue, abriendo paso al Sexenio Absolutista, seis años de represión contra los liberales y contra los que se le opusieron. Esta situación facilitó que las colonias americanas buscasen con más ímpetu aún su independencia. 

En 1820 un pronunciamiento militar por parte del coronel Rafael del Riego le obligó a acatar la constitución de 1812, lo cual hizo a regañadientes y sin resignarse a poder recuperar su poder absoluto. Solo tres años duró el liberalismo, ya que en 1823, apoyado en la Santa Alianza europea, un ejército llamado los Cien Mil Hijos de San Luis (irónicamente era francés) repuso en el poder absoluto a Fernando VII. 

El resto de su reinado (que, por suerte, no fue de los más largos de nuestra Historia) fue absolutista (Década Ominosa) pero al final de su vida se abrió a tímidos cambios y a iniciar una lenta reconciliación con los liberales debido básicamente a que los necesitaba: solo había tenido dos hijas, y la mayor, Isabel, era su heredera en contra de los deseos de los elementos más conservadores del país encabezados por su hermano, Carlos María Isidro. Así, permitió a su hija reinar a su muerte derogando la Ley Sálica pero no pudo evitar que su sucesión se manchara de sangre al iniciarse una guerra civil entre carlistas e isabelinos. Todo un rey Felón: reinó traicionando primero a su padre y luego a su pueblo, reprimió como un tirano a los liberales, no evitó la independencia de la mayor parte de las colonias y ni siquiera pudo dejar un país unido a su muerte. Peor, imposible.

domingo, 21 de febrero de 2016

Sealand y otras "micronaciones"



Esta disparatada historia comienza en plena Segunda Guerra Mundial. Reino Unido, en guerra con Alemania, construyó una serie de plataformas en sus costas como apoyo logístico y militar. Una de ellas fue la de Rough Sands, a 13 km al sureste del condado de Essex, mar adentro, y en aguas internacionales. En 1956 esa plataforma fue abandonada por la marina británica. 

Así estuvo durante once años hasta que en 1967 fue ocupada por un tal Roy Bates, un británico presentador de radio que reclamó la soberanía de la plataforma debido a estar en aguas internacionales y se autoproclamó príncipe con el nombre de Roy I. El nuevo país se llamó Sealand y, como es lógico, no ha sido nunca reconocido por ningún país ni por la ONU, siendo considerada una micronación (no confundir con microestado:  http://elblogdecesarmb.blogspot.com.es/2013/08/paises-y-paises-los-microestados.html). 

Bandera de Sealand.


Sin embargo, desde la proclamación de su “independencia” Sealand ha sufrido hasta crisis. En 1968 el heredero del principado, Michael, fue procesado tras intercambiar disparos con un buque de la marina británica que había entrado en las “aguas territoriales” de Sealand. Finalmente fue absuelto al haber sido en aguas internacionales. Más “grave” fue el golpe de Estado de 1978 efectuado por el primer ministro Achenbach aprovechando que Roy I no estaba y manteniendo cautivo a Michael, liberándolo más tarde en Países Bajos. 

Esta plataforma y sus aguas circundantes son el Principado de Sealand. No suele haber más de cinco personas en el mismo a la vez.


Roy I recuperó el control de Sealand usando un helicóptero y mantuvo cautivos a los participantes en el golpe de Estado, que fueron repatriados exceptuando a un alemán con pasaporte de Sealand, que fue acusado de alta traición. El gobierno alemán solicitó a Reino Unido su liberación pero este se abstuvo de intervenir al no estar en sus aguas nacionales. Así, Alemania envió a Sealand a un representante diplomático a negociar con Roy I, quien finalmente cedió a permitió que el ciudadano alemán pudiera irse. De paso, aprovechó para afirmar que Alemania había reconocido a su principado con esa visita de la embajada alemana, algo que obviamente Berlín no vio así. 

Achenbach proclamó en Alemania un gobierno en el exilio, que continúa existiendo hoy en día. Mientras, Roy falleció en 2012 y le sucedió su hijo Michael. A pesar de mantener esta fantasía, la realidad es que nadie de la “familia real” de Sealand vive permanentemente en esa fría plataforma del mar del Norte sino que viven en Reino Unido y tienen pasaporte británico. Eso sí, la torre siempre está ocupada por uno o más encargados que aseguran la “soberanía” de Sealand. Y hablando de soberanía, desde 1987 Sealand ya está en las aguas británicas, que fueron ampliadas mar adentro, ante lo cual el “gobierno” de Sealand no reclamó. En 2006 sufrió un grave incendio que no afectó a la estructura de la plataforma, y que necesitó realizar reparaciones.  
 
Lo curioso de esta gran “frikada” es que ellos se lo toman tan en serio como que tienen su propia página web (la cual además está muy bien: http://www.sealandgov.org/), en la que expiden títulos nobiliarios de Sealand (Lord, Lady, Barón y Baronesa), que se pueden comprar desde 30 libras esterlinas. Eso sí, Sealand tiene su propia moneda: el dólar de Sealand, acuñado desde 1972 en cantidades muy modestas como es lógico. Tiene paridad con el dólar estadounidense. También ha expedido sellos a partir del traspaso de la gestión de la plataforma a la inmobiliaria española Inmonaranja (ya estábamos tardando mucho los españoles en salir en esta historia, ya que ¡solemos estar en todas las salsas!).

La Moneda de Sealand: dólares.


Por último, Sealand también tiene su propia selección de fútbol, que juega partidos contra otras micronaciones o Estados no reconocidos, como Somalilandia (Somalia) u Occitania (Francia). 

Sealand no es la única micronación que existe y, aunque sea difícil creerlo, es la más “seria” y conocida, ya que otras de sus correligionarias son aún más cómicas. Destaca el Imperio de Aerica, creado por un niño, Eris Lis, que la ha mantenido con los años y reclama toda la Tierra y zonas de Plutón y otros planetas (casi nada). Otro caso llamativo es el Reino Gay y Lésbico de las Islas del Coral, que reclama todas las islas del mar del Coral, al noreste de Australia, y que son una expresión del nacionalismo queer, que asegura que los homosexuales son un pueblo aparte (madre mía). 

Otros casos son Minerva, que fue un atolón en el Pacífico creado por un millonario de Las Vegas para evitar pagar impuestos pero cuyo intento fue sofocado por Tonga (este sí es un país verdadero). En Estados Unidos es llamativa la República de Molossia, dirigida como una dictadura bananera por el dueño de la casa y parcela que la constituyen y que se autoproclamó su presidente. Molossia hasta tuvo una “guerra” con la Alemania del Este y con otra micronación, Mustachistán, que declaró que Molossia era de su territorio. Todos locos. 

"Frontera" de Molossia con EEUU. El cartel indica "Bienvenido a la República de Molossia, una nación independiente y soberana. A partir de este punto usted no está en territorio de los Estados Unidos. Se aplican las leyes y el pasaporte molossianos.

sábado, 20 de febrero de 2016

El "archipiélago" palestino



El conflicto entre palestinos e israelíes no cabe en un post, ni en varios. Es muy complejo y tiene su origen en la Antigüedad, con el inicio de la diáspora judía tras la toma de Jerusalén por las tropas romanas de Tito. Los judíos estuvieron dispersos por el mundo y sufrieron persecuciones, pogromos y expulsiones, como la de los judíos españoles en 1492. Lo peor vino en el siglo XX, en el exterminio de seis millones de judíos en Europa por los nazis. 

Viendo lo que se avecinaba, muchos de ellos emigraron a Palestina, tierra de los judíos desde hacía milenios. El problema era que, desde que fueron expulsados, esa tierra ya había sido repoblada por otra gente, personas que se convirtieron al Islam tras la conquista de esa tierra por los musulmanes en el siglo VII. La llegada de los judíos fue acogida al principio con normalidad y luego con recelo. Compraron tierras y crearon colonias para trabajarlas. 

El conocimiento del Holocausto motivó que la comunidad internacional apoyara la creación de un Estado judío en Palestina, lo cual aprobaron los británicos, que controlaban entonces la región. Los palestinos se opusieron a esos planes, aduciendo que ellos eran mayoría en el territorio. La ONU propuso en 1947 la creación de dos Estados, uno judío y otro árabe, y que Jerusalén pasase a ser una ciudad internacional. Los palestinos rechazaron la propuesta al ser mayoría e iniciaron la primera guerra árabe-israelí tras proclamarse el Estado de Israel por parte de Ben Gurion en 1948. Contaron con el soporte de países como Siria, Egipto o Jordania. A pesar de ello, Israel ganó la guerra y dejó reducida Palestina a solo Cisjordania y la Franja de Gaza. La primera fue administrada por Jordania y Gaza por Egipto. 

Esto se mantuvo así hasta 1967, cuando se produjo la Guerra de los Seis Días, iniciada por Israel aduciendo un posible ataque de los árabes. En esa guerra se apoderó de lo que quedaba de Palestina: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, además del Sinaí y los Altos del Golán. Toda Jerusalén quedó como capital declarada de Israel, lo cual no reconoce ningún país del mundo (las embajadas están en Tel Aviv). 

En 1973 Egipto y Siria atacaron por sorpresa Israel iniciando la Guerra del Yom Kipur. La idea era recuperar los territorios perdidos en 1967. Sin embargo, Israel volvió a ganar a los países árabes y mantuvo todos los territorios, hasta que devolvió a Egipto el Sinaí tras firmar la paz. 

Evolución del territorio. En 1946 los judíos aumentaron su llegada a Palestina debido al Holocausto y los efectos psicológicos del genocidio. La ONU propuso en 1947 la división en dos Estados y, tras la primera guerra árabe-israelí, Palestina quedó reducida a Cisjordania y Gaza. Tras 1967 incluso esas regiones quedaron bajo control israelí, que comenzó a devolver territorios a los palestinos con los Acuerdos de Oslo (1993), configurándose el actual "archipiélago".


En cuanto a los palestinos, ante la abrumadora superioridad de Israel, o tuvieron que exiliarse en Jordania y otros países o vivir con la ocupación israelí. Tras veinte años de ocupación, en 1987 se dio la Primera Intifada, revuelta palestina contra la ocupación israelí. Esto demostró la necesidad de tener que llegar a un acuerdo y posibilitó una conferencia para la paz en Madrid en 1991 con participación de todas las partes. En 1993 se firmaron los importantes Acuerdos de Oslo, por los que los palestinos reconocían el Estado de Israel y este a la Autoridad Nacional Palestina, gobierno de los palestinos. Estos acuerdos prevén un repliegue progresivo de Israel y la creación de un Estado de Palestina, devolviendo los territorios anteriores a 1967. Así la Autoridad Nacional Palestina comenzó a administrar varios territorios en las ciudades palestinas más importantes. La cuestión de Jerusalén, que los palestinos consideran su capital en su parte Este, quedó sin resolver. 

A pesar de estos acuerdos, Israel mantuvo la colonización de territorios que según lo establecido tenían que devolver a Palestina. La tensión aumentó y en el año 2000 se produjo la Segunda Intifada en Jerusalén con gran violencia entre israelíes y palestinos. En los años siguientes la situación no mejoró y la misma Palestina quedó dividida: en Cisjordania tiene el poder la rama moderada de Fatah y en Gaza es Hamás, organización terrorista, la que gobierna. Se han repetido actos violentos, sobre todo entre Gaza e Israel, mientras que en Cisjordania la devolución de tierras a la Autoridad Nacional Palestina se produce muy lentamente, estando en un punto muerto ante la agresiva política del actual gobierno israelí. Así, los territorios que controla Palestina a día de hoy son un auténtico “archipiélago”, como se ve en el mapa: no es un territorio continuo sino disperso por las zonas que aún controla Israel en Cisjordania. 
 Representación de Palestina como si fuese un archipiélago de verdad. Islas cuya comunicación entre sí es muy complicada.

A pesar de la parálisis y de los episodios violentos, Palestina está aumentando sus apoyos y ya es considerada un Estado por la ONU (observador de momento) y es miembro de pleno derecho de organizaciones como la UNESCO o el Movimiento de Países No Alineados. Sin embargo, Israel está dividiendo el territorio mediante un muro divisorio en Cisjordania para evitar “ataques terroristas”, en lo que los palestinos consideran un auténtico apartheid. 

En rojo, territorios controlados por Palestina. En amarillo, los que debería controlar en virtud de los Acuerdos de Oslo. Jerusalén Este quedó sin resolver.


La solución, compleja y difícil, son dos Estados, siendo el palestino toda Cisjordania y Gaza. Los colonos judíos de Cisjordania deberían poder quedarse en Palestina si lo deseasen pero garantizándoseles su seguridad en el nuevo Estado. Sin embargo, esto será imposible si Israel mantiene el bloqueo de la situación y si los palestinos siguen divididos entre Fatah y Hamás sin una posición única.   
 Un avance importante para Palestina fue ser reconocida como Estado observador por la ONU. En verde, los países que votaron a favor, en rojo en contra, en amarillo abstenciones y en azul ausentes en la votación.