jueves, 31 de marzo de 2016

Los parlamentos autonómicos de España



España no es un Estado federal pero tiene una descentralización administrativa muy alta de manera que aunque es un Estado unitario solo lo es formalmente y está dividido en 17 comunidades autónomas y dos ciudades autónomas. Cada una de estas tiene su propio parlamento autonómico que puede legislar, salvo en las ciudades autónomas, en donde sus competencias son menores que cualquier comunidad autónoma pero en cambio mayores que las de los municipios normales. Los parlamentos eligen al presidente autonómico y este a su gobierno, que está sometido al órgano legislativo. 

Los parlamentos autonómicos son variables en número de diputados, denominaciones y aspectos normativos. En este post vamos a verlos todos con algunas de estas características. 

Asamblea de Extremadura. Creada en 1983. Situada en Mérida, en el Hospital de San Juan de Dios, tiene 65 diputados (30 PSOE, 28 PP, 6 Podemos, 1 Ciudadanos). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Asamblea de Madrid. Creada en 1983. Situada en Madrid, en su sede en el distrito de Puente de Vallecas, tiene 129 diputados (48 PP, 37 PSOE, 27 Podemos, 17 Ciudadanos). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Asamblea Regional de Murcia. Creada en 1982. Situada en Cartagena, tiene 45 diputados (22 PP, 13 PSOE, 6 Podemos, 4 Ciudadanos). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Cortes de Aragón. Creadas en 1983. Situadas en Zaragoza, en el Palacio de la Aljafería, tienen 67 diputados (21 PP, 18 PSOE, 14 Podemos, 6 Partido Aragonés, 5 Ciudadanos, 2 Chunta Aragonesista y 1 Izquierda Unida). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Cortes de Castilla-La Mancha. Creadas en 1983. Situadas en Toledo, en el Convento de San Gil, tienen 33 diputados (16 PP, 15 PSOE, 2 Podemos). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Cortes de Castilla y León. Creadas en 1983. Situadas en Valladolid, tienen 84 procuradores (42 PP, 25 PSOE, 10 Podemos, 5 Ciudadanos, 1 Izquierda Unida-Equo y 1 Unión del Pueblo Leonés). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Corts Valencianes. Creadas en 1982. Situadas en Valencia, en el Palacio de las Cortes, tienen 99 diputados (31 PP, 23 PSOE, 19 Compromís, 13 Ciudadanos, 12 Podemos y uno no adscrito). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Junta General del Principado de Asturias. Creada en 1982. Situada en Oviedo, tiene 45 diputados (14 PSOE, 11 PP, 9 Podemos, 5 Izquierda Unida, 3 Foro Asturias y 3 Ciudadanos). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Parlamento de Andalucía. Creado en 1982. Situado en Sevilla, en el Hospital de las Cinco Llagas, tiene  109 diputados (47 PSOE, 33 PP, 15 Podemos, 9 Ciudadanos, 5 Izquierda Unida). Es uno de los cuatro que tiene unas elecciones diferenciadas a las de los demás parlamentos autonómicos. Las últimas elecciones fueron en marzo de 2015. 

Parlamento de Canarias. Creado en 1982. Situado en Santa Cruz de Tenerife, tiene 60 diputados (18 Coalición Canaria, 15 PSOE, 12 PP, 7 Podemos, 5 Nueva Canarias, 3 Agrupación Socialista Gomera). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Parlamento de Cantabria. Creado en 1983. Situado en Santander, en el Hospital de San Rafael, tiene 35 diputados (13 PP, 12 Partido Regionalista de Cantabria, 5 PSOE, 3 Podemos, 2 Ciudadanos). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Parlament de Catalunya. Creado en 1980. Situado en Barcelona, en el Palacio del Parlamento de Cataluña en el Parque de la Ciudadela, tiene 135 diputados (62 Junts pel Sí, 25 Ciutadans, 16 Partit dels Socialistes de Catalunya, 11 Catalunya Sí que es Pot, 11 PP, 10 Candidatura d´Unitat Popular). Es uno de los cuatro que tiene unas elecciones diferenciadas a las de los demás parlamentos autonómicos. Las últimas elecciones fueron en septiembre de 2015. 

Parlamento de Galicia. Creado en 1981. Situado en Santiago de Compostela, en el Pazo del Hórreo, tiene 75 diputados (41 PP, 14 En Marea, 14 Partido dos Socialistas de Galicia, 6 Bloque Nacionalista Galego). Es uno de los cuatro que tiene unas elecciones diferenciadas a las de los demás parlamentos autonómicos. Las últimas elecciones fueron en septiembre de 2016.

Parlament de les Illes Balears. Creado en 1983. Situado en Palma de Mallorca, en el antiguo Círculo Mallorquín, tiene 59 diputados (20 PP, 14 PSOE, 10 Podemos, 9 Més, 3 Proposta per les Illes, 2 Ciudadanos, 1 Gent per Formentera). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Parlamento de La Rioja. Creado en 1983. Situado en Logroño, en el Convento de la Merced, tiene 33 diputados (15 PP, 10 PSOE, 4 Podemos, 4 Ciudadanos). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Parlamento de Navarra. Creado en 1982. Situado en Pamplona, en la antigua audiencia, tiene 50 diputados (15 Unión del Pueblo Navarro, 9 Geroa Bai, 8 EH Bildu, 7 Podemos, 7 PSOE, 2 PP, 2 Izquierda-Ezkerra). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015. 

Parlamento Vasco. Creado en 1980. Situado en Vitoria, en el antiguo Instituto Ramiro de Maeztu, tiene 75 miembros (28 Partido Nacionalista Vasco, 18 EH Bildu, 11 Elkarrekin Podemos, 9 Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra, 9 PP). Es uno de los cuatro que tiene unas elecciones diferenciadas a las de los demás parlamentos autonómicos. Las últimas elecciones fueron en septiembre de 2016.

En las ciudades autónomas:
Asamblea de Ceuta. Creada en 1995. Tiene 25 diputados (13 PP, 4 PSOE, 4 Coalición Caballas, 3 Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía, 1 Ciudadanos). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015.
Asamblea de Melilla. Creada en 1995. Tiene 25 diputados (13 PP-PPL, 7 Coalición por Melilla, 3 PSOE, 2 Ciudadanos). Las últimas elecciones fueron en mayo de 2015.

viernes, 25 de marzo de 2016

Los Nobeles españoles




Los Premios Nobel se vienen entregando desde 1901 y son otorgados a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones o acciones notables a la Humanidad en el año anterior a su concesión o durante el transcurso de su investigación. Son otorgados por diferentes instituciones: los de Física, Química y Ciencias Económicas (este último otorgado desde 1968) por la Real Academia de las Ciencias de Suecia, el de Medicina por el Instituto Karolinska, el de Literatura por la Academia Suecia y el de la Paz por el Comité Noruego del Nobel. Por tanto, todos son entregados en una ceremonia en Suecia excepto el de la Paz, que se entrega en Oslo, capital noruega. 

España al empezar el siglo XX no andaba sobrada de talentos en un país con una mayoría aplastante de población sin alfabetizar y con profundos problemas estructurales. Pero, a pesar de este hándicap,  consiguió en las primeras décadas del siglo tener Premios Nobel.
España tiene ocho Premios Nobel (todos hombres) y de ellos seis son de Literatura y dos de Medicina. Hasta el momento no ha habido en tierras ibéricas Premios Nobel de Física, Química, Económicas o Paz (Portugal tiene dos, uno de Medicina, Antonio Caetano, y otro de Literatura, José Saramago). 

El primer Nobel español fue José Echegaray (Madrid, 1832-Madrid, 1916), Premio Nobel de Literatura en 1904. Le siguió Santiago Ramón y Cajal (Petilla de Aragón, 1852-Madrid, 1934), Premio Nobel de Medicina en 1906 por sus investigaciones sobre la morfología y conexiones de las células nerviosas. 

José Echegaray
 

Hubo que esperar varios años para ver otro Nobel español. Jacinto Benavente (Madrid, 1866-Galapagar, 1954), fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1922. La inestabilidad de los años 30 y la posguerra hicieron que hasta los 50 no hubiera galardonado otro nobel en España: Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-San Juan (Puerto Rico), 1958), que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1956, estando en el exilio. 

Jacinto Benavente
Juan Ramón Jiménez
 

El siguiente Nobel llegó rápido: Severo Ochoa (Luarca, 1905-Madrid, 1993) recibió el Premio Nobel de Medicina en 1959 por sus investigaciones sobre el ADN. Como Jiménez, estaba en el exilio debido a la dictadura franquista. 

Severo Ochoa


El siguiente Premio Nobel llegó en plena Transición a la democracia: Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898-Madrid, 1984), recibió el Premio Nobel de Literatura en 1977. Fue un gran poeta de la Generación del 27. Algo más de una década después llegó el penúltimo Nobel español, Camilo José Cela (Padrón, 1916-Madrid, 2002), Premio Nobel de Literatura en 1989.

Vicente Aleixandre
Camilo José Cela


El último Nobel español hasta la fecha es Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), nacido en Perú y que también tiene la nacionalidad española desde 1993. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2010. 

Mario Vargas Llosa, nuestro Nobel más reciente.

lunes, 21 de marzo de 2016

La triste y mala suerte de Ucrania




 Bandera de Ucrania

Hay países que parece que, por desgracia, tienen muy mala suerte. Ucrania, del que vamos a hablar en este post, es uno de ellos. Su situación en Europa puede hacer pensar de primeras que, al menos, no tiene tan mala suerte como el África Subsahariana. Podemos considerar que es una mala suerte diferente, herencia de muchas décadas de penurias y, por supuesto, de un clima en el que nieva la mitad del año y hace la vida muy dura. 

Ucrania tiene una historia que se remonta a la Edad Media, cuando se comenzaron a formar los primeros Estados en Europa del Este con influencia del cristianismo ortodoxo, aunque en la Edad Moderna cayó bajo dominio de la pujante Rusia. En la Edad Contemporánea nunca fue un país independiente antes de la disgregación de la Unión Soviética en 1991. Sí lo había intentado en el caos de la Revolución de 1917, sin éxito. 

Así, Ucrania tuvo que sufrir el régimen soviético desde sus inicios. Se convirtió en una república dentro de la URSS, supuestamente autónoma pero que, en realidad, no decidía nada, quedando todas las decisiones relevantes en manos del Kremlin y del aparato central del Partido Comunista. La llegada de Stalin al poder inició una cruel dictadura que para Ucrania supuso una experiencia traumática: una hambruna entre 1932 y 1933 provocada por los soviéticos y que mató a 3,5 millones de ucranianos. Esta hambruna se originó por el proceso de colectivización forzosa realizado por el gobierno comunista. Los millones de fallecidos en Ucrania hacen que actualmente este horrible suceso sea llamado Golodomor (en ucraniano literalmente “matar de hambre”). 

Portada del periódico Daily Express, en la que trata la hambruna en Ucrania con el titular "El horror de Ucrania".


Pero este genocidio no fue el único que tuvieron que soportar los ucranianos en esos años. Solo una década después llegó la ocupación, breve pero muy cruenta, de Ucrania por los nazis, entre 1941 y 1943. Allí, los invasores hicieron cosas terribles: masacres de población de manera aleatoria, violaciones y destrucción de pueblos. La zona fue recuperada por los soviéticos y se inició una lenta reconstrucción. 

En los años 50 llegó la industrialización, sobre todo el este de Ucrania. La muerte de Stalin mejoró las cosas para los ucranianos y ciudadanos de otras repúblicas y se inició una época de crecimiento y mejora de la calidad de vida que, aún así, siguió estando muy por debajo de los estándares occidentales. 

Sin embargo, otra desgracia esperaba con los años, quizá la peor: la catástrofe de la central nuclear de Chernóbil en 1986. Uno de sus reactores explotó, liberando abundante radiación a la zona norte del país y a la vecina Bielorrusia debido al viento imperante esos días. Las ciudades más cercanas a la central fueron rápidamente evacuadas (Prípiat y Chernóbil, hoy ciudades fantasma) y la heroica intervención de los llamados liquidadores hizo que se pudiera frenar la expulsión de radiactividad. Sin embargo, el daño estaba ya hecho y esa región al norte del país ha quedado contaminada para los próximos 100.000 años y, obviamente, deshabitada. El problema con la central continúa: no se sabe cómo está reaccionando el material radiactivo en el interior del reactor (los demás reactores de la central fueron clausurados) y la única solución de momento es enterrarlo mediante un gigantesco sarcófago que estará listo el año que viene (el antiguo se está derrumbando por el desgaste de los años) y que en principio resistirá cien años más. 

La ciudad de Prípiat, que llegó a contar con 49.000 habitantes, actualmente está completamente abandonada.


Solo cinco años después de la catástrofe nuclear llegó la independencia de Ucrania y las demás repúblicas soviéticas ante el colapso de la URSS. Un sistema que había reprimido a sus ciudadanos durante sesenta años moría pero la democratización de estos países no iba a ser nada fácil y, de hecho, sigue siendo muy débil. En el caso de Ucrania, desde el principio el país se dividió entre los partidarios de europeizarse y los que preferían estrechar los lazos con Rusia, principal república de la antigua URSS y que pretendió desde el principio recuperar el imperio soviético, esta vez con una economía de mercado y con un supuesto sistema democrático que dista mucho de serlo.  

Así, Ucrania atravesó varios gobiernos hasta que ganaron las elecciones los pro occidentales de Yúschenko en 2005. Los pro rusos llegaron a intentar asesinarle envenenándole pero sobrevivió y fue presidente entre 2005 y 2010. Durante su mandato se acercó a la Unión Europea. Pese a esto, en las elecciones de 2010 volvieron al poder los pro rusos de Yanukóvich, quien se acercó a Putin y reprimió a la oposición. A finales de 2013 no firmó el acuerdo con la Unión Europea y se iniciaron fuertes protestas en la capital, Kiev, contra la tendencia pro rusa. A principios de 2014 las protestas se radicalizaron y exigieron el fin del gobierno de Yanukóvich, quien al final tuvo que huir a Rusia. Fueron liberados los opositores en prisión y se inició una transición. 

El problema es que Rusia no aceptó estos hechos y decidió, de manera unilateral, apoderarse de la península de Crimea, parte de Ucrania desde hacía décadas pero de población rusófona. Este hecho fue rechazado por Occidente pero no inició una guerra aunque sí un rebrote de la Guerra Fría que se mantiene hoy en día con Ucrania en el centro. Además, Rusia desestabilizó de manera más o menos directa regiones del este ucraniano más partidarias de acercarse a Rusia que el resto del país (Donetsk y Lugansk), que se secesionaron iniciando una guerra civil. 

Mapa con los conflictos iniciados en Ucrania en 2014: al sur Crimea, anexada rápidamente por Rusia y al este dos regiones secesionadas aún en guerra civil.


Por tanto, la mala suerte y las penurias no acabaron en Ucrania con la independencia sino que, por desgracia, continúa hoy en día sin que parezca que se atisbe una solución que permita vivir en paz a los ucranianos, que malviven en su mayoría con un PIB per cápita de unos 4000 dólares anuales.

sábado, 19 de marzo de 2016

El hecho diferencial de Madrid



Las capitales europeas suelen estar situadas en lugares estratégicos junto a un elemento indispensable para la vida humana: el agua. El agua es necesaria para abastecer a la población, por lo que en la inmensa mayoría de los casos las capitales se sitúan junto a ríos de importante caudal o en zonas costeras con, eso sí, ríos cercanos para su abastecimiento de agua dulce. En la actualidad los problemas con el agua son menores (se puede desalinizar el agua del mar o conducirla mediante grandes canalizaciones durante kilómetros) pero en el siglo XIX su carencia suponía un grave inconveniente para el devenir de toda ciudad. 

Fue el caso de Madrid, capital de España desde 1561 salvo en el pequeño lapso entre 1601 y 1605, cuando la corte se trasladó a Valladolid. A mediados del siglo XIX Madrid estaba creciendo de manera muy destacable y su población ya estaba desbordando los límites iniciales de la ciudad, delimitados por una pequeña muralla de tiempos de Felipe IV. Ello conllevaba un problema grave: que Madrid no se situaba (y sigue sin situarse) en las orillas de un gran río sino en un río de escaso caudal que sufre un fuerte estiaje en verano, como los demás ríos de la región: el Manzanares. 
 Vista satelital de Madrid (pinchar para ampliar). Se aprecia a la izquierda del casco urbano el río Manzanares.

Esta situación supone un hecho diferenciador con las otras capitales europeas que se sitúan en el interior pero sí en las orillas de ríos destacables. El motivo es que Madrid fue designada capital por Felipe II por su posición central, por ser ciudad sin influencia de la Iglesia y de la nobleza en la que el rey era el único señor, por tener una residencia real (el Alcázar) y por estar cerca del nuevo Monasterio de El Escorial y de bosques para la caza así como un ambiente fresco y agradable relativamente cerca de la sierra que a Felipe II le agradó. Sin embargo, sus recursos hídricos eran limitados y, mientras la población se situó en unos 100.000 habitantes o menos, fueron suficientes. 

Situación que contrasta con otras capitales que, por motivos históricos, fueron cabeza de sus Estados o grandes ciudades desde siglos antes de que Madrid adquiriera relevancia. Londres, capital primero de Inglaterra y luego de Gran Bretaña, se sitúa en las orillas de un río corto pero muy caudaloso por el clima oceánico en el que se encuentra: el Támesis. 
 Londres y el río Támesis. 

París, capital de Francia, se sitúa en el río Sena, también muy caudaloso por beneficiarse de las amplias lluvias del clima oceánico, como en el caso anterior de Londres.  
París surcada por el río Sena.

Más al norte Berlín, que no se convirtió en capital de una Alemania unificada hasta 1871 pero sí lo fue del reino de Prusia, también se beneficia de un clima continental pero que aún recibe precipitaciones destacables desde las borrascas del Atlántico. No se sitúa en un gran río como las anteriores pero los que la bañan sí son más caudalosos que los de Madrid. 
 Berlín es atravesada por los ríos Spree y Havel así como sus afluentes.

Al este, Moscú fue una de las grandes ciudades rusas aunque la capital fue mucho tiempo San Petersburgo, a orillas del mar Báltico. La actual capital rusa (desde la creación de la URSS) también se sitúa en un gran río, el Moscova, que da nombre a la ciudad. 
 Moscú surcada por el río Moscova.

Podría decirse hasta este punto que es lógico que estas ciudades tengan esos grandes ríos gracias a sus climas más húmedos que el de Madrid y así es, pero si vemos Roma, capital italiana desde 1870, podemos apreciar que también se sitúa en un río con caudal destacable, el Tíber, a pesar de tener un clima mediterráneo con su correspondiente sequía estival. Sin embargo, hay que aclarar que Roma recibe bastantes más precipitaciones que Madrid, que tiene un clima mediterráneo más seco. 
 Roma es atravesada por el río Tíber.

Así, Madrid a mediados del siglo XIX tenía pocas opciones: no podía impedir el crecimiento de su población así que, o se solucionaba el problema del agua o la capital de España tendría que ser otra ciudad. Esta última posibilidad se barajó y el gobierno planteó que Valladolid no tendría el problema de la falta de recursos hídricos. Efectivamente, en Valladolid hay más precipitaciones que en Madrid, el río que la atravesa, el Pisuerga, es relativamente caudaloso y, además, el Duero pasa muy cerca de la ciudad. 
 Valladolid, actual capital de la comunidad de Castilla y León, es surcada por el río Pisuerga, que confluye con el Duero al sur de la ciudad.

Sin embargo, la reina Isabel II no pareció muy dispuesta a mudarse a Valladolid y, finalmente, se apostó por buscar una solución  a la falta de agua en Madrid. En realidad, donde llueve menos y hay menos agua en la zona central y sur de lo que hoy es la Comunidad de Madrid, mientras que su sierra y áreas adyacentes tienen unas precipitaciones considerablemente mayores que llegan a superar los 1000 litros por metro cuadrado anuales en la sierra (por los alrededor de 420 de Madrid ciudad). Por tanto, ¿por qué no conducir toda esa agua hacia la capital mediante canalizaciones como ya hicieron en la Antigüedad los romanos con los acueductos? Y así se hizo mediante el Canal de Isabel II, llamado así por la reina que lo impulsó. Se construyeron los primeros embalses para almacenar el agua así como las primeras canalizaciones hasta la ciudad. Desde entonces este sistema se ha hecho más complejo con numerosos embalses repartidos por la sierra y por zonas más cercanas a la capital que abastecen a casi seis millones de madrileños de la ciudad y de su área metropolitana. Así, Madrid pudo seguir siendo la capital y, además, crecer de manera desorbitada en el siglo XX, ampliando el Canal a municipios cercanos que lo necesitasen. 

Construcción de un acueducto del Canal Isabel II en 1856.


Esto no significa que no pueda haber problemas de falta de agua. El Canal depende de la cantidad de precipitaciones y, en caso de sequía, sus niveles de agua almacenada descienden sin remedio, siendo necesario, por tanto, un ahorro del agua, líquido muy apreciado en la España seca.