viernes, 3 de febrero de 2017

Maravillas del Mundo I: la Gran Pirámide



Comenzamos una nueva serie de artículos en el blog y esta vez nos vamos a centrar en siete de los monumentos más conocidos y majestuosos de la Historia de la Humanidad: las Siete Maravillas del mundo antiguo. 

Lo primero que hay que indicar es, ¿cuáles son? Y, ¿cuáles son los fundamentos para su elección? En realidad no hubo unos claros. Cada autor elaboró su lista de manera bastante arbitraria según criterios personales o por cómo les impresionaron esos monumentos cuando los visitaron. De las listas de la Antigüedad, la más conocida es la de Antípatro de Sidón pero no la única. Su configuración actual se debe al pintor alemán Maerten van Heemskrerck, quien optó por unas y desechó otras con criterios puramente artísticos. Sin embargo, esa lista es la que ha predominado hasta hoy:


-          Gran Pirámide de Giza (2.550 a. C)
-          Jardines Colgantes de Babilonia (600 a. C)
-          Templo de Artemisa en Éfeso (750 a. C la primera construcción. Última reconstrucción posterior a 356 a. C)
-          Estatua de Zeus en Olimpia (432 a. C)
-          Mausoleo de Halicarnaso (350 a. C)
-          Coloso de Rodas (290 a. C)
-          Faro de Alejandría (280 a. C)


 Las Siete Maravillas de la Humanidad en la imagen de los artistas del siglo XVI.

Y ahora, ¿por qué siete y no ocho, nueve o diez? Esto es porque históricamente el siete se ha considerado el número perfecto y también mágico. Así, aparece en muchas ocasiones: siete días en la semana, siete “planetas” (astros) originales en época griega, siete estrellas en la Osa Mayor, siete colinas en Roma, etc. 
 Localización de las Siete Maravillas. Salvo en el caso de la Gran Pirámide y los Jardines Colgantes, todas son de cultura helénica.

De las Siete Maravillas de Heemskrerck, solo una se mantiene pese a los milenios transcurridos desde su construcción: la Gran Pirámide, que también es la más antigua de todas ellas, lo cual amplifica más aún su espectacularidad. 

Y este primer artículo sobre las Maravillas va a versar sobre ella, sobre la que fue desde el tercer milenio antes de Cristo hasta el siglo XIV de Nuestra Era el edificio más alto del mundo. 

GRAN PIRÁMIDE DE GIZA
Gran Pirámide de Giza. En primer plano, el templo alto de Keops.

Se encuentra en la planicie de Giza, al oeste del río Nilo. Es la mayor de todas las pirámides de Egipto y se construyó alrededor del 2.550 a. C por orden del faraón Keops, de la IV Dinastía egipcia, durante el periodo denominado Reino Antiguo. El crecimiento de la ahora capital de Egipto, El Cairo, ha hecho que la necrópolis de Giza esté ahora prácticamente dentro de la ciudad. En época antigua era muy diferente ya que la ciudad era Menfis y estaba situada a unos kilómetros de Giza al sureste, también a orillas del Nilo. 

Antes de entrar en detalles de la pirámide, hay que destacar algunos aspectos de ese particular país. Egipto sin el río Nilo es un desierto, por lo que desde muy antiguo su civilización ha estado estrechamente ligada al río, del que dependían para comunicarse y para su agricultura debido a que las crecidas del río dejaban un suelo muy rico y fértil apto para la agricultura. Se configuró como una civilización cerrada a su río en un espacio muy estrecho en el que se concentraba (y todavía hoy se concentra) la totalidad de la población egipcia. Los inicios de Egipto datan de la época tinita, cuando se crearon sus instituciones, como su monarca absoluto y dios, el faraón, y los gobernadores locales y administrativos, llamados nomarcas. Era una sociedad jerarquizada pero en la que no existía la esclavitud al estilo grecorromano (en la que casi toda la economía dependía de los esclavos). 

La construcción de grandes tumbas para los faraones y las clases altas egipcias data también de antiguo. Inicialmente se plantearon las llamadas mastabas, pirámides truncadas con una zona subterránea en donde estaría enterrado el cuerpo. Ese cuerpo debía estar preservado para que el ka (“alma” del difunto) continuase su viaje al más allá. Si se perdía el cuerpo, el ka moría y no había nada peor para un egipcio. Así, se practicaba la momificación, con diversas técnicas según los costes que se pudiese permitir cada familia. Los más ricos, como el faraón, elegían la momificación más perfecta, que creaba unas momias que resistieron el tiempo hasta la actualidad en unas condiciones increíblemente buenas. Dichas momias debían ser guardadas en lugares sagrados y protegidos, y de ahí la apuesta de la IV Dinastía por crear una necrópolis digna de su poderío en Giza. 

Giza está situada al oeste del Nilo, donde se ponía el sol y donde los egipcios situaban el Más Allá. Además, las tres pirámides principales de la planicie (la Gran Pirámide, la de Kefrén y la de Micerinos) estaban situadas apuntando a la ciudad sagrada de Heliópolis. Además de estas cuestiones simbólicas, estaba la cuestión física: el terreno debía tener la consistencia suficiente como para poder aguantar el peso de las miles de toneladas de las pirámides. También era necesario que hubiese cerca canteras para obtener la piedra para la construcción. 

Una vez acabados los planos del edificio, que en el caso de la Gran Pirámide correspondieron al arquitecto Hemiunu, sobrino del faraón, se iniciaba la construcción. Cada sillar de piedra tenía una marca para aclarar su ubicación. Para la construcción eran necesarios conocimientos de matemáticas y astronomía, que los egipcios tenían sobradamente. Era habitual que las pirámides tuviesen un núcleo de roca natural acondicionado para recibir los bloques de piedra, reduciéndose de manera significativa el volumen de material necesario para la edificación, todo un ahorro de recursos. La Gran Pirámide también tiene dicho núcleo natural. 

El modo de construcción aún no está claro pero sería una combinación de uso de trineos y de rampas. Los primeros eran más útiles en un país de arena y barro como Egipto que la rueda, que se conocía pero no se empleaba. Las rampas, por su parte, permitían trasladar pesos en vertical y en horizontal utilizando barro para facilitar el movimiento de los trineos.
En cuanto a la mano de obra utilizada, no era esclava como ya se ha mencionado sino que eran trabajadores contratados por el faraón con el objetivo de crear su tumba. Su labor se prolongaba durante todo el año, lo que permitió que una pirámide fuera construida en un periodo relativamente corto de algo más de una década. En el caso de la Gran Pirámide, se extendió hasta veinte años debido a su inmenso volumen. 

Un aspecto interesante de las pirámides de Giza es que originalmente estaban recubiertas por bloques de piedra caliza pulida y de color blanco que las hacían incluso más impresionantes de lo que lo son hoy en día ya que relucían con el sol. En el caso de la Gran Pirámide, mantuvo ese recubrimiento hasta el siglo XIV, cuando un terremoto desprendió una parte y, más tarde, los turcos retiraron el resto para reutilizarlo en edificios de El Cairo. Su pirámide hermana, la de Kefrén, todavía mantiene el recubrimiento en su cúspide. 
Recreación de cómo serían originalmente las pirámides de Giza con su recubrimiento de piedra caliza pulida.

El interior de la Gran Pirámide está compuesto por tres cámaras principales, dos en el mismo interior (del Rey y de la Reina) y otra en el subsuelo. Se accedía por el lado norte por un pasaje descendente que comunicaba con dos pasillos, uno ascendente hasta la Gran Galería que lleva a la cámara del rey, y otro descendente hasta la cámara subterránea. Además, de cada cámara partían dos canales considerados ahora de ventilación pero cuyo uso original se desconoce. 

Distribución interior de la Gran Pirámide.


La Gran Pirámide estaba reservada al faraón, pero sus alrededores estaban repletos de otras construcciones menores (los sucesores de Keops fueron construyendo más pirámides colosales, las de Kefrén y Micerinos, que son algo más pequeñas): tres pequeñas pirámides para las esposas de Keops y su madre y, al oeste, sur y este de Giza numerosas mastabas privadas para nobles y funcionarios de la IV Dinastía. Una auténtica e impresionante necrópolis reservada para los egipcios más destacados de esa época y que todavía hoy podemos admirar, sobrecogiéndonos de que la Humanidad pudiese construir tales monumentos hace nada menos que 4.500 años.  

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