sábado, 11 de febrero de 2017

Maravillas del Mundo II: El Templo de Artemisa



-          Gran Pirámide de Giza (2.550 a. C)
-          Jardines Colgantes de Babilonia (600 a. C)
-          Templo de Artemisa en Éfeso (750 a. C la primera construcción. Última reconstrucción posterior a 356 a. C)
-          Estatua de Zeus en Olimpia (432 a. C)
-          Mausoleo de Halicarnaso (350 a. C)
-          Coloso de Rodas (290 a. C)
-          Faro de Alejandría (280 a. C)


 Esquema cronológico sobre las Siete Maravillas, además de sus respectivas localizaciones y tamaños. 

Continuamos con la serie sobre las Maravillas del mundo antiguo. Esta vez nos desplazamos a Asia Menor, en la actual Turquía, en concreto a la ciudad de Éfeso. Antes de nada, una breve introducción: la Grecia antigua correspondía con un espacio geográfico diferente al del actual Estado griego. Por ejemplo, no se incluía Tracia, que hoy es parte de Grecia y era considerada ya zona bárbara, pero sí la costa occidental de Asia Menor, en donde se establecieron numerosas colonias griegas y potentes ciudades-Estado como Éfeso. 

Como ya dijimos en el anterior artículo sobre la Gran Pirámide, salvo esta ninguna otra de las Siete Maravillas ha resistido el paso del tiempo. Así, de las otras seis maravillas o bien no queda absolutamente nada de ellas (caso del Coloso, la Estatua de Zeus o los Jardines Colgantes), o bien quedan unas pocas ruinas muy alejadas de su esplendor, como es el caso de la que vamos a ver hoy: el Templo de Artemisa. 

Los orígenes del templo son de alrededor el 750 a. C, por lo que sería la segunda Maravilla más antigua, aunque a gran distancia de la Gran Pirámide, que fue construida 1.800 años antes. Como dice su propio nombre, era un templo dedicado a la diosa Artemisa, Diana para los romanos, deidad de la caza y hermana melliza de Apolo, dios de la belleza masculina. Su construcción fue iniciada por el rey Creso de Lidia (reino influenciado por la cultura helena) y duró bastante debido a las dimensiones del templo, que era de los más grandes de la Grecia antigua. 

Esta fue la descripción que de él hizo Antípatro de Sidón (considerado el creador de la lista de las Siete Maravillas, aunque él incluyó la muralla de Babilonia en vez del Faro de Alejandría): “He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande”. 

Así, parece evidente que el Templo de Artemisa tuvo que ser realmente impresionante por su localización, tamaño y belleza. El templo no estaba en la misma ciudad de Éfeso (es decir, a unos 50 km al sur de la actual Esmirna) sino a las afueras, en un valle. Artemisa en Éfeso era adorada desde antes de época helenística y representaba más bien la fertilidad. Otra influencia oriental era que la Artemisa representada en el templo llevaba en su cabeza una corona mural, símbolo de otra diosa, Cibeles, deidad local de Anatolia más tarde exportada a Roma. Artemisa, hija de Zeus, era una diosa salvaje e indómita y en su honor Creso hizo construir este templo, en parte para alabarla y en parte para apaciguarla. Como era habitual en la religión griega, el templo estaba presidido por una gran estatua de la diosa. 

Plinio el Viejo afirma que su construcción llevó unos 120 años y, por tanto, fue dirigido por varios arquitectos. Se construyó sobre un terreno rocoso como precaución ante terremotos. Pronto se convirtió en un centro turístico y de culto para numerosos visitantes y nadie pasaba por Éfeso sin visitar el famoso templo. Además, era una fuente de recaudación adicional para la ciudad debido a los gastos de los visitantes en la misma y a sus donaciones para el templo y la diosa. 

 Modelo en miniatura del Templo de Artemisa en Estambul. 

Sin embargo, el templo no permaneció inalterable mucho tiempo: en el año 356 a. C fue destruido por un hombre que, supuestamente, lo hizo solo para conseguir fama. Según algunos escritos, Alejandro Magno nació la noche en la que ardió el templo y Plutarco indicó que Artemisa estaba distraída en ese hecho y, por ello, no atendió a su propio templo en llamas. Sería Alejandro el que propuso sufragar su reconstrucción, que se inició tras su muerte en 323 a. C. Algunos autores atribuyen esa reconstrucción a Dinócrates, que había diseñado la ciudad de Alejandría, en Egipto. 

Este nuevo templo se mantuvo en pie varios siglos hasta su destrucción por los godos en el año 262, siendo emperador romano Galieno. A esto se sumó que la mayoría de los habitantes se convirtió al Cristianismo y el templo perdió interés religioso, por lo que sus restos fueron desmantelados para construir otros edificios. Algunas de sus columnas se emplearon para Santa Sofía en Constantinopla (Estambul). A partir de ahí lo poco que quedó del templo permaneció en el olvido hasta el nacimiento de la arqueología y la renovación del interés por la Antigüedad, siendo redescubierto el sitio del templo en 1869. Quedan algunas esculturas y objetos y una única columna en pie. 

El Templo de Artemisa hoy.


Pasando ahora a cómo era exactamente el templo, tenía 115 metros de largo por 55 de ancho, realizado en mármol. Tenía 127 columnas, cada una de 18 metros de altura. Tenía tres filas de columnas en la fachada occidental y una doble fila que dividía el pronaos en tres naves. La cella era alargada y al fondo de la misma había un baldaquino en donde se ubicaba la estatua de la diosa. En su reconstrucción la planta y proporciones no variaron sustancialmente salvo por una plataforma escalonada sobre la que se elevó el templo de unos dos metros de altura.  El templo albergaba varias obras de arte de autores reconocidos como Policleto y Fidias, en especial esculturas y pinturas. 
 Grabado del templo del siglo XIX.

Así, el Templo de Artemisa era una Maravilla, el mayor de los templos griegos. Tal es así, que actualmente hay un proyecto (aún poco concretado) de una fundación turca para reconstruirlo por tercera vez, a imagen y semejanza del antiguo, pero a unos 1500 metros de su localización original, respetándose así lo poco que queda de la que fue una de las Siete Maravillas del mundo.

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