sábado, 25 de febrero de 2017

Maravillas del Mundo III: Los Jardines Colgantes



-          Gran Pirámide de Giza (2.550 a. C)
-          Jardines Colgantes de Babilonia (600 a. C)
-          Templo de Artemisa en Éfeso (750 a. C la primera construcción. Última reconstrucción posterior a 356 a. C)
-          Estatua de Zeus en Olimpia (432 a. C)
-          Mausoleo de Halicarnaso (350 a. C)
-          Coloso de Rodas (290 a. C)
-          Faro de Alejandría (280 a. C)



 Esquema cronológico sobre las Siete Maravillas, además de sus respectivas localizaciones y tamaños. 


La tercera Maravilla del Mundo que vamos a inspeccionar nos hace desplazarnos lejos, hasta Mesopotamia y, en concreto, la ciudad de Babilonia. Mesopotamia se sitúa en lo que hoy en día es Irak, en Oriente Próximo. Su nombre significa literalmente “país entre ríos”, debido a que lo recorren los ríos Tigris y Éufrates. La ciudad de Babilonia, una de las más importantes de la región, se ubicaba a orillas del Éufrates. Antes de hablar de los Jardines es necesario mencionar que Mesopotamia fue la cuna de la civilización occidental y de Oriente Próximo y allí nació la agricultura o la escritura, entre otras invenciones clave en la Historia de la Humanidad. 

Mesopotamia, no obstante, no fue un único Estado sino que, cuando estuvo unido, fue bajo la batuta de un gran imperio. Si no, Mesopotamia estaba totalmente fraccionada en ciudades-Estado. Una de ellas fue Babilonia, que tuvo sus momentos de mayor auge con reyes como Hammurabi, creador del primer código de leyes de la Historia, y Nabucodonosor, estrechamente ligado a los Jardines y que convirtió a Babilonia en una de las ciudades más importantes del Mundo Antiguo. 

“Buenos días, quería unos billetes a Babilonia en clase turista”. Esta pregunta nunca se dará en 2017 debido simplemente a que Babilonia como ciudad ya no existe. Ni Ur, ni Uruk o Lagash. La mayoría de las ciudades mesopotámicas antiguas no han resistido el paso del tiempo debido a que la llegada del Islam en el siglo VII provocó un cambio de centros de poder. Así, Babilonia, que llevaba siglos en decadencia, terminó de ser abandonada y olvidada mientras que se fundó una nueva ciudad: Bagdad, que hoy es la capital de Irak. Solo algunas ciudades de Oriente, como Damasco, Jerusalén o Alepo siguieron existiendo como tales. Sin embargo, cuando Babilonia pasó a ser islámica hacía ya muchos siglos que los Jardines Colgantes eran solo polvo. 
 Vista satelital del yacimiento de Babilonia hoy en día. Se aprecian algunas de las reconstrucciones de época de Sadam Hussein, como el palacio a la izquierda sobre una colina.

Estos Jardines son de las Maravillas que, ya en época antigua, no existían y eran vistos con un aura de leyenda. Nada que ver con otros como la Gran Pirámide, que la podemos ver con nuestros propios ojos, o el Templo de Artemisa que, aunque ya no permanezca en pie, sabemos con total seguridad que existió y cómo era. Los Jardines Colgantes son, por el contrario, la más polémica y ni siquiera su existencia es segura al cien por cien. 

Babilonia se hallaba en un recodo del río Éufrates y de ella solo quedan algunas ruinas y reconstrucciones de edificios, polémicas y realizadas en época de Saddam Hussein, deseoso de dotar a Irak de un componente histórico lejano para unirlo a su propio gobierno. Los Jardines fueron construidos alrededor del 600 a. C, por lo que fueron la tercera Maravilla más antigua, solo detrás de la Gran Pirámide y el Templo de Artemisa. Fueron mandados construir por Nabucodonosor, que también fue el promotor de la muralla de la ciudad y de su famosa Puerta de Istar, una maravilla que sí que ha logrado resistir el paso del tiempo y que hoy se encuentra en Berlín (en Babilonia hay una réplica también construida por orden de Hussein).  Ver esa puerta y su belleza nos da una idea leve de cómo tuvo que ser Babilonia en sus tiempos de esplendor: exuberante, rica y próspera además de bella, muy bella. 
 Puerta de Istar original, situada hoy en el Museo de Pérgamo de Berlín. 

Lo poco que se sabe de los Jardines es, que además de ser construidos por Nabucodonosor, lo fueron en homenaje a su esposa Amytis para recordarle las montañas de su época. Como dice su propio nombre, serían unos jardines en terraza sobre una montaña artificial. Se situarían junto al palacio del rey junto al río y el pueblo tendría prohibido acceder a ellos. En su terraza más alta habría un depósito de agua del que partirían varios canales. Así, los jardines en realidad no “colgaban” sino que más bien sobresalían de las terrazas. Las últimas investigaciones arqueológicas han considerado que los Jardines podían situarse entre el río y el palacio y han descubierto restos de estructuras abovedadas, aunque no está claro que pertenezcan a los Jardines. 

Así, esta Maravilla está envuelta en las brumas de la Historia y es de la que menos se sabe, sin poder concretarse mucho más al no haber restos evidentes. Así, la imaginación humana ha hecho el resto con recreaciones como las siguientes: 
1ª Robert von Spalart. 2ª Maarten van Heemskerch. 3ª Ferdinand Knab. 
 
La decadencia progresiva de Babilonia tras ser ocupada sucesivamente por asirios, medos y persas se hizo palpable en su aspecto cada vez más abandonado. Cuando Alejandro Magno ocupó la ciudad en el siglo IV a. C, los Jardines, si seguían en pie, estarían en estado ruinoso. Aún así, Alejandro quedó impresionado con la ciudad y planeó convertirla en la capital de su nuevo e inmenso imperio. Su muerte prematura en esa misma ciudad supuso el fin de ese proyecto y que Babilonia continuara abandonándose sin remedio. En los siglos siguientes fue conquistada por los sucesores de los persas aqueménidas, los partos. El emperador romano Trajano llegó a conquistar la ciudad en el siglo II pero los Jardines ya no seguían en pie, pasando a ser una parte más de la Historia.

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