martes, 14 de marzo de 2017

Maravillas del Mundo IV: La estatua de Zeus en Olimpia



-          Gran Pirámide de Giza (2.550 a. C)
-          Jardines Colgantes de Babilonia (600 a. C)
-          Templo de Artemisa en Éfeso (750 a. C la primera construcción. Última reconstrucción posterior a 356 a. C)
-          Estatua de Zeus en Olimpia (432 a. C)
-          Mausoleo de Halicarnaso (350 a. C)
-          Coloso de Rodas (290 a. C)
-          Faro de Alejandría (280 a. C)
 Esquema cronológico sobre las Siete Maravillas, además de sus respectivas localizaciones y tamaños.

La cuarta Maravilla del Mundo antiguo que vamos a estudiar entronca con los Juegos Olímpicos, y es que la estatua del dios Zeus más elaborada de la época estaba en la ciudad griega de Olimpia, origen de los Juegos homónimos, que fueron recuperados en 1896 en su versión actual. Olimpia se situaba al oeste de la península del Peloponeso, unida al resto de la Grecia continental por el istmo de Corinto. Los restos de la antigua ciudad están a las afueras de la pequeña urbe moderna y entre ellos destacan los del templo de Zeus, en cuyo interior se hallaba la estatua que vamos a ver en este artículo. 

Restos del templo de Zeus de Olimpia en la actualidad.


Cuando vimos el Templo de Artemisa, ya vimos que Grecia en la Antigüedad no era un único Estado sino que estaba dividida en polis, es decir, comunidades-Estado con una ciudad central que dominaba un territorio de tamaño variable en torno a ella. Había polis más pequeñas como Atenas y otras con un gran territorio circundante como Esparta. Estas polis compartían religión e idioma pero políticamente solían estar enemistadas y en conflictos frecuentes. Solo había un acontecimiento capaz de frenar momentáneamente esas guerras: los Juegos Olímpicos, un acontecimiento que no era solo deportivo sino que tenía un componente religioso fundamental. De hecho, fue la llegada del Cristianismo lo que motivó su ocaso y fin al ser considerados una celebración pagana. El cese de los Juegos supuso también el inicio de la decadencia de Olimpia y, con ella, de sus edificios y de la Maravilla que vamos a ver a continuación.

Lo primero que se puede pensar es, ¿cómo se sabe que existió realmente la estatua? Porque una cosa es un monumento de tamaño destacable como otras de las Maravillas que se han perdido y otra una estatua que, por muy grande que sea, es más fácil que desaparezca por completo. La respuesta es que conocemos su existencia gracias a las descripciones que de ella hacen historiadores y distintas personalidades de la Antigüedad, además de por su aparición en monedas, con lo cual podemos asegurar prácticamente al cien por cien que existió, y además saber cómo era exactamente. 
  
Sí hay más dudas con la fecha exacta en que fue realizada por el famoso escultor griego Fidias. Unos creen que fue al final de su vida, hacia el 430 a. C, y otros historiadores consideran que sería anterior a la estatua de Atenea en el Partenón (también perdida), y por tanto previa a 438 a. C. Se cree asimismo que Fidias pudo corregir algunos criterios estéticos en la estatua de Atenea, como su localización dentro del templo, respecto a su obra de Zeus en Olimpia.

La estatua de Zeus sería enorme: unos doce metros de altura. Estaba esculpido en marfil y tenía detalles en oro, por lo que era una estatua criselefantina. El dios aparecía sentado en su trono, vestido con un manto y con el torso desnudo. En la cabeza tenía una corona de olivo y su mirada se dirigía hacia los fieles. En su mano derecha sostenía una representación de la diosa Niké (victoria) y en la izquierda un cetro rematado con un águila. El trono era por sí solo una obra de arte, al estar realizado con marfil, ébano, oro y piedras preciosas. 

Reprtesentación artística de la estatua de Zeus según las descripciones de contemporáneos.


Las monedas que muestran la estatua son de época del emperador romano Adriano. En una de sus caras aparece la estatua entronizada y en otra su rostro. En lo esencial la imagen mostrada por las monedas coincide con las descripciones de los historiadores contemporáneos.

Esta estatua es especialmente importante en el aspecto religioso, ya que fue Fidias el que fijó la imagen asociada a Zeus desde entonces. Antes de eso no había una idea única sobre cómo representar al padre de los dioses olímpicos. Así, la entrada de los peregrinos y atletas que acudían a Olimpia a los Juegos en el templo estaría precedida por la expectación, y esta se vería colmada con creces, ya que la estatua debía cortar la respiración por su majestuosidad.

¿Qué fue de la estatua a partir del siglo II d. C? Suetonio mencionó que el emperador Calígula, anterior a Adriano, llegó a mandar a unos soldados a Olimpia para que la trasladasen a Roma, en donde Calígula pretendía arrancarle la cabeza a Zeus para poner una representación suya. Sin embargo, cuando los soldados entraron en el templo la estatua supuestamente soltó una fuerte carcajada que hizo a los soldados huir despavoridos. Podría ser, Zeus vería a Calígula como un ser tan despreciable que solo con una risa le valdría. No obstante, esta historia queda en el marco de lo expresado por Suetonio, que no tiene por qué ser verídico (más bien es fantasioso), vistos sus intereses por los aspectos personales (y bochornosos) de los primeros doce césares. 

Taller de Fidias en Olimpia, en donde probablemente fue realizada la estatua.


Según un historiador, la estatua fue trasladada a Constantinopla en tiempos de Teodosio II, para situarse en un palacio de un alto cargo de la corte imperial. Allí sería destruida supuestamente por un incendio. Por tanto, no está claro el motivo de su destrucción, tan solo que, por desgracia, no ha quedado ni un dedo de la misma que podamos apreciar hoy.

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