domingo, 7 de mayo de 2017

La vacía Serranía Celtibérica



El nombre todavía no es muy conocido pero en España debemos tenerlo muy en cuenta: son algo más de 60.000 km² (el doble que Bélgica) en donde vive tan poca gente que la densidad de población es inferior a los 8 habitantes por kilómetro cuadrado, es decir, casi está despoblada. En toda la Unión Europea, solo Laponia, en el norte de Suecia y Finlandia, está tan poco poblada. La diferencia es que, a diferencia de Laponia, que siempre ha estado muy poco poblada debido a sus difíciles condiciones climáticas, la Serranía Celtibérica inició su grave despoblamiento hace solo unas décadas. Hoy cuenta con menos de medio millón de habitantes (Bélgica en la mitad de territorio supera los once millones).


Es cierto que el clima en la zona no es el más agradable para la vida humana: es frío en invierno (a algunas zonas se las apoda la Siberia española) y en verano normalmente caluroso en el llano y fresco en las zonas de montaña. Como su nombre indica, predominan las zonas elevadas coincidiendo con el Sistema Ibérico y su apellido, Celtibérica, se debe al pueblo prerromano que habitaba esa región en la Antigüedad. Pero en los últimos siglos nunca había alcanzado los niveles de despoblación actuales. 

La Serranía Celtibérica, también al contrario que Laponia, no es una unidad administrativa sino que está dividida en diez provincias (Burgos, Castellón, Cuenca, Guadalajara, La Rioja, Segovia, Soria, Teruel, Valencia y Zaragoza) enclavadas a su vez en cinco comunidades diferentes (Castilla y León, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, La Rioja y Aragón). Esto dificulta su coordinación a la hora de afrontar el grave problema de la huida de la población joven de esa región ante la falta de perspectivas de futuro y el envejecimiento. 

Como se ve en el siguiente mapa, la escasa población varía también dentro de la Serranía Celtibérica. Solo un municipio supera los 50.000 habitantes, Cuenca, y otros tres más los 10.000: Soria, Calatayud y Teruel. Todos los demás están por debajo de ese umbral y solo uno, Almazán, tiene más de 5.000. El resto, son pequeñas poblaciones. El cénit de vacío de población está en los Montes Universales, entre Cuenca, Guadalajara y Teruel, en donde muchos municipios no llegan siquiera a dos habitantes por kilómetro cuadrado. Encontrarse con otra persona en esos parajes es tremendamente difícil. Incluso hay zonas en donde ni se alcanza un solo habitante por kilómetro cuadrado, algo que en el mundo solo se puede ver en lugares remotos como el Sahara, Siberia, la Patagonia argentina, la Amazonia o el norte de Canadá. Impresiona ese vacío, a la vez que preocupa. 
 Los municipios en color más oscuro tienen densidades de población solo comparables a los lugares más desolados del planeta, como el Sahara, Siberia o la Patagonia.

Y lo más sorprendente de la Serranía Celtíbera es que en un radio de solo cien kilómetros a su alrededor tiene varias de las grandes ciudades de España: Madrid con su área metropolitana al oeste alcanza los seis millones y medio de habitantes y es la tercera área urbana de la UE, un contraste brutal con el vacío que se extiende al este de su territorio. Algo más al norte está Valladolid con más de 300.000 habitantes, Bilbao que en su área metropolitana casi alcanza el millón, Zaragoza al este con casi 700.000 habitantes y Valencia al sureste con más de dos millones de personas viviendo en su área metropolitana. 

Así, no es de extrañar que en un mapa que represente la densidad de población de España por municipios veamos algo parecido a esto:

Es decir, un punto en el centro con una muy alta densidad de población, que es el llamado Gran Madrid, con una influencia más allá de los límites de su comunidad, y, justo al este del mismo, un vacío de color en el que solo destacan las capitales provinciales, Cuenca y Teruel. ¿Algún día las administraciones se darán cuenta de la gravedad del problema y de los desequilibrios territoriales en España?

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